Te dejo porque estoy cansada.
Estoy cansada de no temblar cuando me rozas. No hay mariposas y las echo de menos. Sí, es inseguro. Y sí, te hace vulnerable. Pero también te hace perderte y perder la razón. Y estoy cansada de estar cuerda.
Estoy cansada de los pequeños detalles. Los pequeños detalles suelen ser lo mejor de ser dos: esos guiños compartidos, esos gestos que encierran tantos significados. Saber leerse aún cuando el mundo sólo ve un lienzo en blanco. Adelantarse al pensamiento del otro y darle lo que ni siquiera sabe que necesita... Estas cosas surgen con el tiempo, no hay que acelerarlas. Y me cansa ver que quemas etapas por intentarlo, sin darte cuenta de que yo no voy contigo.
Estoy cansada de no reír. Sé que yo no soy una persona risueña. Lo sé. Que mi media Verónica sale a relucir demasiado a menudo. Y sin embargo la risa templa mi corazón mejor que cualquier caricia. Y eso es lo que quiero. Quiero la risa espontánea y la risa inoportuna. Quiero poder reír cuando no tenga palabras y cuando las lágrimas resbalen por mis mejillas. Anhelo las risas cómplices cuando las manos y la piel son todo lo que hay. Y estoy cansada de tener que pelear por cada carcajada.
Estoy cansada de la falta de entendimiento. Creo que no somos tan distintos y, a pesar de ello, no soy capaz de hacerme entender. No ves qué es importante para mí y qué no. Seguramente, ni siquiera entiendas la referencia de antes. Y sé que tampoco yo te entiendo a ti. Y me parece triste. Y con esto no quiero decir que necesite saberlo todo. Saber y entender son cosas distintas, a niveles diferentes. La incomprensión me hace sentirme sola incluso cuando somos dos. No, miento, no es que me sienta sola, es que me sume en la más profunda soledad. Y esa clase de soledad es agotadora.
Estoy cansada del papel que me ha tocado jugar. No soy la persona que quieres que sea. No soy sabia. No soy experta. Definitivamente no soy tu madre. Ni tu profesora. No lo soy ni quiero serlo. Tampoco soy una niña. Ni necesito que me protejan constantemente del dolor. No. Soy... No sé lo que soy. Pero sé lo que no puedo ser. Y no puedo ser la mujer perfecta que tú necesitas. Estoy exhausta sólo de intentarlo.
Estoy cansada de esto.
Estoy cansada de un nosotros que no es nosotros.
Estoy cansada de ti. Y de mí.
Estoy cansada.
Por todo esto... Adiós.
Y lo siento porque seguramente tú no tengas la culpa.

4 comentarios:
el cansancio entumece, te resta fuerza y determinación, es un elemento peligroso hay que mantenerse en una gravedad baja...hay otros cansancios que se agradecen por la generación de dopamina...bueno descansa y mírate, no te falta valor.
besos volados.
Por supuesto que hay cansancios (físicos) que se buscan y se agradecen. Pero el cansancio emocional te consume y te ata.
Y sí que me falta valor, valor para decir en voz alta lo que escribo. Pero bueno, al menos me sirve como terapia...
lo que escribes no tiene que gritar,
tiene que gritar la rebeldia de hacerlo, hacerlo en libertad, ¿no?
besos
Sí, supongo que tienes razón. Pero me temo que también me falta rebeldía. Eso sí, ponerlo por escrito me está dando energías renovadas para arriesgarlo todo...
Besos
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