jueves, 21 de mayo de 2009

Dudas

Hace nada estaba completamente segura.

El viernes hablamos por teléfono. No te entendía. No entendía. No sabría explicarlo, pero esa conversación (sin importancia, sin nada en particular), lo cambió todo. Empecé a dudar.

Dudé de mí, de mi capacidad para afrontar el reto que me habías propuesto.

¿Seré capaz? ¿Haré el ridículo? ¿Por qué confía en mí?

Dudé de la luz en tus ojos, de lo que había visto en ellos.

¿Será verdad o es sólo el reflejo de mis anhelos?

Dudé de las risas compartidas.

¿Y si tan sólo fueron espejismos por mi sed y mi calor?

Dudé de que fueras la persona que yo creía.



Dudé incluso de que fuéramos amigos. 



Dudé de todo y las mariposas dudaron conmigo. Dejaron de revolotear en mis entrañas y me sentí un poco menos viva. ¿Me había estado engañando todo este tiempo? Y si había sido mentira, ¿cómo reconocer la verdad cuando llegue? ¿Cómo distinguir?

Hoy... Las mariposas han retomado su vuelo pero un eco sigue ahí: ¿Cómo distinguir?

14 comentarios:

Microalgo dijo...

Esa es la gran pregunta, Inés. Más que "existe Dios" o "Por qué hace tantas veces Woody Allen la misma palícula".

― Qué manía tenéis todos con distinguir entre verdad y mentira; no lo entenderé nunca (Pablo Tusset: Lo mejor que le puede pasar a un cruasán).

Inés dijo...

Igual es mejor hacer como el protagonista del libro que citas y no hacerse preguntas. Pero yo quiero aprender a no engañarme. Creo que saber la diferencia te puede permitir caminar con más seguridad, arriesgar sólo lo debido. Pero me temo que eso sólo se aprende (si acaso) con los años.

Y desde luego, las mariposas no sirven, que no son capaces de distinguir. Aunque me encante sentirlas.

EADPA dijo...

Más que aprender a no engañarte tendrías que aprender a reconocer tus mentiras y la única forma de conseguirlo es picando una y otra vez en esas mentiras. Tantas veces como sea necesario.

¿Sabías que los boxeadores, al cabo de un tiempo, se vuelven menos sensibles al dolor? pues eso. Con los sentimientos pasa lo mismo, que a base de recibir llega un momento en el que ya no duele (tanto), te liberas de todas las cargas que ello implicaba y transmites tu verdadero yo (llámalo seguridad en uno mismo). No es una tarea fácil y si te rindes a mitad de camino el daño posiblemente sea peor pero para ganar hay que apostar.

Inés dijo...

¡Bienvenido de nuevo EADPA!

Sí, está claro que al final de tanto hostiarse, uno se anestesia. Y también tienes razón en que debería aprender a reconocer mis propias mentiras.

Lo que no acabo de ver es lo de que una vez que alcanzas ese estado de menos dolor transmitas verdaderamente tu propio yo. Creo que más bien transmites lo que sea que haya sobrevivido (que sí, que es parte de lo que eres, pero no todo, ni necesariamente lo mejor; sólo lo más duro).

No sé...

EADPA dijo...

Una vez que la gente no puede hacerte daño (o te da igual lo que piensen) no tienes que esconderte. Un suponer: Pongamos que ahora mismo, por evitar que alguien tenga una mala impresión de ti, te guardas tus opiniones (pensar que llevándole la contraria le caerías mal o alguna cosa así). Os reunís solos o con amigos pero siempre guardas tus opiniones para ti. Al final, esa persona nunca te conocerá de verdad, solo una pequeña parte de lo que eres.

Cuando te has librado de esa necesidad de dar una buena impresión tu opinión se vuelve tan importante como la de los demás y no tienes miedo a decirla con lo que esa persona te conocerá de verdad, le gustes o no.

Esa es una posible situación pero casi seguro que se puede aplicar en muchas otras.

Inés dijo...

Uy... Creo que te equivocas de persona o yo no me explico adecuadamente (que igual es posible).

Yo no soy de las que se callan opiniones por miedo. Sí que me callo posibles apasionados speeches donde declaro mi devoción incondicional. Pero sólo me escondo (en parte) a nivel emocional.

Todo lo demás, todo lo que me define como ser social (ideales, opiniones, esperanzas, miedos) se muestra a las claras. Hace tiempo que dejó de importarme lo que opinaran los demás de mí. Intento no hacer daño, pero no vivimos en un mundo que permita silencios. Hay que dar la cara.

A lo que yo me refería es a lo siguiente. Cuando he enseñado la patita a nivel emocional, la mayoría de las veces he salido escaldada. Si a eso le sumas un pasado llamémoslo problemático, hay una parte de mí que ya no existe. Y soy consciente del vacío que ha quedado. Por eso lo de que al final, si te golpean muchas veces, demasiadas veces, lo que queda es tan sólo una parte de ti.

EADPA dijo...

Solamente ejemplificaba una situación para mostrarte cómo podías estar ocultando tu verdadero yo, no me refería directamente a ti con el ejemplo.

Aún así, siempre hay cosas que se esconden. Cito textualmente:

"Y me encantaría (de veras) tener el valor y la confianza suficientes para decir estas cosas cara a cara, pero de momento, la cosa no funciona así y esto es lo que hay."

¿No es ésta, una manera de esconderse? luego lo hablaste por correo, cierto pero ya no es lo mismo, es como dar un rodeo para suavizar el golpe. En definitiva miedo.

Sigo creyendo que una vez lo superas te puedes mostrar sin miedos tal como eres. Y que los miedos, sean por falta de confianza, valor o cualquier otra cosa, solo te limitan impidiéndote mostrate en todo tu esplendor.

Inés dijo...

Yo también me voy a citar: "Sí que me callo posibles apasionados speeches donde declaro mi devoción incondicional. Pero sólo me escondo (en parte) a nivel emocional."

Sí, me escondo. Me escondo a ese nivel. Y no en todo caso/orden/lugar. Me escondo detras de mis palabras, sí. Y sé que eso no es bueno, ni para mí ni para las relaciones que tengo. Pero como ya dije, de momento la cosa funciona así.

EADPA dijo...

Y seguirán funcionando así si no le pones remedio. Porque el objetivo de todo esto era caminar con más seguridad ¿no? dar respuesta a esas dudas que te hacían sentir menos viva.

Quizá me estoy metiendo demasiado donde no me llaman pero no tiene mucho sentido querer superarse (más confianza, más valor, más seguridad) y conformarse con lo que hay. ¿Por qué confiar en que los años te cambiarán? ¿no sería mejor provocarte tú misma el cambio?

Inés dijo...

El "de momento" es porque espero no seguir siempre así.

Y sí, tienes razón en que el objetivo es caminar con más seguridad, pero es un proceso gradual. Si tuviera una varita mágica para cambiar esto de mí, no lo dudes, lo haría ya mismo.

De momento, voy avanzando (activamente) en la dirección adecuada (o eso creo). ¿Que es poco a poco? Sip, no lo niego. Pero de una cosa estoy convencida, esto es una carrera de fondo, no los 100m lisos.

EADPA dijo...

Cuando la meta es un estado emocional mucho más estable y mejor, yo prefiero sin duda confiar en los 100m lisos. ¿Para que prolongar un sufrimiento innecesario?

Anónimo dijo...

Encontré su blog en el atesorado espacio de don Micro. Me gustó mucho la entrada...
"¿Y si tan sólo fueron espejismos por mi sed y mi calor?" Me encuentro con las mismas dudas, y don Micro que me dice que no me queme.
Un saludo.

Inés dijo...

No prolongo el sufrimiento... Si tú tienes la meta a tan sólo 100m, bien por ti, llevarás corriendo mucho más tiempo.

Yo... Iba a decir que está siendo una carrera de obstáculos para mí pero creo que es más bien un maratón urbano, con sus subidas, bajadas y zonas llanas, pero nadie me pone (ya) vallas que saltar.

Inés dijo...

Morella, escribiste mientras yo escribía mi respuesta... Lo primero, ¡bienvenida!

Creo que esas dudas son compartidas, universalmente, por todos (en algún momento u otro). Y estoy convencida de que don Micro tiene toda la razón.

Pero por mucho que yo lo intente, si arde y estoy cerca, acabaré quemándome. En fin...

Besos