¿Y a cuento de qué viene eso de los cómics? Bien, es sencillo. Porque hoy me he encontrado que los héroes de verdad existen. Ha sido un día un poco agobiado, igual que ayer y que antes de ayer y que muchos días y semanas ya. En realidad, seguramente, no haya sido tan diferente de los demás. Pero hoy no he podido más. Me han entrado ganas de llorar. De meterme en el agua (ducha, mar, piscina, lo que fuera), aislarme y dejarme llevar. Que mis lágrimas se perdieran entre tanta agua.
Cuando me ha empezado a faltar el aliento, he mandado un SOS. Literalmente (ya sabemos que la sutileza no es lo mío). Y allí ha aparecido mi héroe. No, no llevaba capa (¿qué nos enseñó Edna Moda al respecto?) pero me ha salvado. Me ha echado la bronca. Me ha dicho tonterías. Me ha hecho reír. Me ha dicho que me comprara golosinas. Que me diera un paseo... Seguramente cosas de lo más normales y sensatas. Cosas que racionalmente sé que debo hacer. Pero en ese momento yo no encontraba mi razón.
Ha sido mi héroe el que me ha dado la perspectiva que me faltaba. Básicamente me ha cogido al vuelo mucho antes de llegar a chocarme contra el suelo. Y lo ha hecho porque sí, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada. Y a distancia, nada menos. No sólo es un héroe en la vida real, sino que de verdad tiene súperpoderes. Casi, pero a un pelo ha estado de conseguir que yo dijera el trisílabo innombrable. ¡Ja! ¡Chúpate ésa, Superman!
No ha sido la única respuesta a mi May Day. Más héroes me han regalado palabras, gestos y risas. Oídos en los que desahogarme. Un poco de aliento. Está claro que tengo mucha suerte. Mola vivir en un cómic con héroes de verdad.

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