domingo, 25 de julio de 2010

Extraños e historias (III)

Retomo la saga con dos momentos de estos surrealistas.

Caso 3: En algún momento en los últimos 4 años (la verdad es que no sé cuándo exactamente)

Sábado por la mañana en el súpermercado. Temprano, pero sin ser exageradamente temprano. No sé, serían las 10:00 o 10:30. Vamos, que había gente en el súper pero no era la invasión de media mañana.

Pasaba yo con mi cestita por el pasillo de los cerales cuando me acorde de que me había acabado los Choco Krispies (sí, tengo 27 años y sigo comiendo Choco Krispies, ¿qué pasa? Y por supuesto, Choco Krispies, nada de marcas blancas -- en esto hay demasiadas diferencias -- ni, por supuesto, Chocos). Bien, pues aunque normalmente están en varias baldas y están muy accesibles, aquel día sólo había en la balda más alta de todas.

Sí. ÉSA.

Yo, con mi poco más de metro y medio quería una de esas cajas. Y no me iba a ir sin llevármela. A cabezota es difícil ganarme y un mísero problema de altura no iba a poder conmigo. Así que, solté mi cestita y me encaramé a la estantería y, rozando con la yema de los dedos, conseguí bajar (o algo así) una de las cajas (más bien la precipité, evitando milagrosamente que chocara con mi cabeza en su caída).

Estaba metiendo la caja en la cestita cuando un maromo (veinti-muchos o treinta-y-pocos), bastante más alto que la media se me acerca con una sonrisa y me dice:

- Oye, ¿me bajas una a mí también?

Ojiplática y pensando que me había confundido con una empleada, le contesté:

- ¿Perdón? Lo siento, no trabajo aquí.
- Oh, ya me lo imaginaba -- dijo él -- pero es que te he visto muy ágil y pensaba que no te importaría.

Ajá. El tipo que medía no menos de metro ochenta me pedía a mí que volviera a retrepar por una estantería de supermercado para cogerle una caja de cereales a la que podía llegar perfectamente sin más que estirar el brazo.

Obviamente, después de esa respuesta por su parte, me dí media vuelta, cogí mi cestita y me largué. Sin ni siquiera contestarle.

Caso 4: Una semana después de llegar a Tenerife

El primer finde de mi beca de verano, habíamos quedado todos los becarios para ir a la playa al Sur de la isla. Para ello, yo tenía que ir caminando a la parada de guaguas desde la residencia en la que me quedaba y coger una guagua hasta Santa Cruz donde había quedado con mis amigos a las 10. El problema es que yo no tenía bono de la guagua. Así que tenía que pasar por algún sitio donde los vendieran y eso suponía un cambio en mi trayecto.

Así que ahí estaba yo, caminando por La Laguna, con un bikini, un vestidito de verano, una mochila con la toalla y una muda. Desde la residencia hacia el único estanco que recordaba haber visto, tenía que subir una cuesta bastante empinada y que además, estaba de obras. Al llegar a la zona de las obras (que ocupaban la acera) me iba a pasar a la carretera cuando vi que venía un coche. Así que me esperé. Pero el coche paró. Y el conductor me saludó e hizo señas para que pasara.

En ese momento me maravilló la amabilidad de los canarios.

Seguí caminando, llegué al estanco y me dijeron que allí no vendían bonos de la guagua. [Oh, snap!]

Y cuando iba a salir, un tipo se me acercó.

- ¡Hola!
- Hola.

Yo no creía conocerle de nada, pero qué menos que saludar. E igual me equivocaba, que en esa semana había conocido a mogollón de gente.

- Que soy el de antes.

¿Eins? ¿El de antes?

- Me ha costado encontrarte, pero quería saludarte.

¿Eins? ¿Qué dice este tipo?

- ¿Eres de por aquí?
- No.
- ¿Estás de vacaciones?
- No.
- ¿Y vas a estar mucho tiempo?
- Pues unos tres meses.

No, aún no sabía que me quedaría cuatro años para el doctorado.

- ¿Y adónde vas hoy?
- He quedado con unos amigos.
- ¿Me das tu móvil?
- No, no tengo móvil.

Sí, mentí como una bellaca. Pero aún no sabía quién diablos era el tipo.

- Me gustaría enseñarte la isla.
- ¡Ah! Gracias.
- Toma mi teléfono. Llámame y te invito a cenar.

Y me da un papelito con su número.

- Y si te vuelvo a ver subiendo una cuesta, me volvería a parar, pero no para dejarte pasar, sino para que subas al coche y llevarte por ahí.

¿Ein? ¿Es el tipo del coche? ¿Cómo me ha encontrado? ¿Dónde ha dejado el coche? Si iba en el otro sentido. ¿Mande?

- Uy, qué tarde es. Me tengo que ir corriendo que he quedado en 15 minutos en Santa Cruz. Lo siento. Ciao.

Y salí de allí por patas. Pagué la guagua en efectivo y me compré un bono en la estación de Santa Cruz. A mis amigos les conté la historia y se quedaron flipando, diciendo que si no me había dado miedo y si no me habría seguido.

Visto en perspectiva, sí que me debería haber dado miedo.

7 comentarios:

Cattz dijo...

Claramente los isleños están loquitos por tus huesos XD

Speedygirl dijo...

Jajajajaja, si no hubiera tanto loco suelto por ahí, lo del tipo del coche habría sido hasta romántico. No me digas, años después le cuentas la historia a vuestros hijos "Pues vuestro padre hasta se bajó del coche para conocerme la primera vez que me vio".

Inés dijo...

Cattz, claramente he hecho furor entre los isleños más locos o más caraduras. No sé si me acaba de molar el asunto.

Speedy, súper romántico, oyes. Igual todavía tengo el papelujo en el monedero. ¿Lo quieres? :P

Goethita dijo...

El otro dia estaba en una tienda de ropa y habia una camiseta colgada en el quinto infierno...y pense: "jo, llegar llego, pero se van a enredar todas las perchas para sacar la camiseta y encima me voy a arañar entera" asi que le dije a la chica de al lado: "perdona, te importa cogermela?, es que no llego..." y viendola pegarse con las perchas y arañarse el brazo me reia internamente...soy lo peor!! lo se!!!luego me senti un pelin culpable....

Inés dijo...

O sea, Goethita, que tú has sido un momento surrealista para alguien. :O

¿La chica trabajaba en la tienda? ¿Era más alta que tú?

Si la respuesta a cualquiera de las dos preguntas es "No", eres un poco chunga, que-lo-se-pas. Maaaaaal. :P

Goethita dijo...

Era mas alta que yo, sino supongo que me habria mandado al carajo.
Pero no, no trabajaba en la tienda.
Asi que si, soy una chunga!!!

PS: el careto de la pobre mujer lo decia todo, ella pensaba: por que a mi?? por que me tocan todas las raras?? Y yo pensaba: perchas malditas!! no lograreis arañarme!!!no esta vez!!!!

Inés dijo...

Pues ya sabes, Goethita, alguna buena acción para compensar tu chunguez. Y piensa que esa pobre mujer seguro que recuerda el incidente. Igual incluso escribe un post en un blog al respecto...

¡¡Igual eres famosa!! :P