¿Decirlo o no decirlo?
Iba a escribirte un mail, pero me da miedo. Y como este buzón no es sino el repositorio de esas cosas que no me atrevo a decir, lo escribo aquí. Por si algún día me atrevo a decírtelo.
Una de las cosas que más rabia me da, y que más daño me hace, de esta relación que no es sino un quiero y no puedo es que me des largas. Que hagas como que tu vida no continúa para mí simplemente porque no me lo cuentas. Así no puedo ser tu amiga por mucho que lo intente. Así no puedo alegrarme por las cosas buenas que te pasan, ni estar contigo si estás mal. Así sólo me queda la certeza de que no estoy y de que no me crees capaz de superarlo, de estar, de ser.
¿Y sabes qué? Que me jode. Muchísimo. Y hace que todo sea más complicado para mí.
Y sí, claro que es tu derecho no compartir lo que no quieras compartir. Pero es injusto. O ahora mismo me parece injusto. Si no quieres que sea tu amiga, que seamos amigos, bien, vale, me joderá, pero vale. Claro. Pero si quieres que tú y yo sigamos importándonos el uno al otro (o bueno, que tú me importes, al contrario no tengo ni idea de cómo están las cosas), tienes (sí, tienes) que dejarme entrar.
Que más vale una vez colorado, que ciento amarillo.
Sé que alguno de los comentaristas me dirá que tendría que haber cortado todo contacto. No será la primera vez. Ni seguramente la última. Y me adelanto para decir que no estoy de acuerdo, que me importa demasiado como para perderlo en mi vida. Y salvo que él me diga que eso es lo que quiere (por él, no por mí; sobre quién quiero en mi vida decido yo, svp), no lo voy a hacer. Y diréis, "pero entonces, si no rompes todo contacto, tendrás que aguantarte con lo que él quiera darte." Pues seguramente. Es lo que llevo diciéndome casi dos años. Y me he aguantado. Y no he dicho nada. Y no he mandado este e-mail. Porque seguramente sea lo correcto, lo adecuado. Y sin embargo, me sigue pareciendo injusto, ya veis.
Iba a escribirte un mail, pero me da miedo. Y como este buzón no es sino el repositorio de esas cosas que no me atrevo a decir, lo escribo aquí. Por si algún día me atrevo a decírtelo.
Una de las cosas que más rabia me da, y que más daño me hace, de esta relación que no es sino un quiero y no puedo es que me des largas. Que hagas como que tu vida no continúa para mí simplemente porque no me lo cuentas. Así no puedo ser tu amiga por mucho que lo intente. Así no puedo alegrarme por las cosas buenas que te pasan, ni estar contigo si estás mal. Así sólo me queda la certeza de que no estoy y de que no me crees capaz de superarlo, de estar, de ser.
¿Y sabes qué? Que me jode. Muchísimo. Y hace que todo sea más complicado para mí.
Y sí, claro que es tu derecho no compartir lo que no quieras compartir. Pero es injusto. O ahora mismo me parece injusto. Si no quieres que sea tu amiga, que seamos amigos, bien, vale, me joderá, pero vale. Claro. Pero si quieres que tú y yo sigamos importándonos el uno al otro (o bueno, que tú me importes, al contrario no tengo ni idea de cómo están las cosas), tienes (sí, tienes) que dejarme entrar.
Que más vale una vez colorado, que ciento amarillo.
Sé que alguno de los comentaristas me dirá que tendría que haber cortado todo contacto. No será la primera vez. Ni seguramente la última. Y me adelanto para decir que no estoy de acuerdo, que me importa demasiado como para perderlo en mi vida. Y salvo que él me diga que eso es lo que quiere (por él, no por mí; sobre quién quiero en mi vida decido yo, svp), no lo voy a hacer. Y diréis, "pero entonces, si no rompes todo contacto, tendrás que aguantarte con lo que él quiera darte." Pues seguramente. Es lo que llevo diciéndome casi dos años. Y me he aguantado. Y no he dicho nada. Y no he mandado este e-mail. Porque seguramente sea lo correcto, lo adecuado. Y sin embargo, me sigue pareciendo injusto, ya veis.

9 comentarios:
Uh. No hay comportamiento correcto, en estos casos, creo yo. Cada cual a su bola. Sufriendo lo menos posible, eso sí (aunque, a veces, lo menos posible ya es mucho).
Ánimo. Un besote.
Yo he descubierto que no hace falta cortar todo contacto. Pienso que así solo se consigue mitificarles. Sin embargo si hace falta un cambio de actitud. Es algo sutil, y creo que cada una tenemos nuestro saco y tiene diferente capacidad, pero debería llegar un momento en el que dijeras "te quiero mucho pero no me gusta como me tratas, me merezco más". Porque te mereces más de una relación de amistad. Y ponerlo en perspectiva y verlo como un amigo más y tratarlo como tal. Es decir: me tratas de esta manera injusta, pues eso tiene una consecuencia. Empezar a poner tus condiciones. Y ser sincera y preguntarte si esa actitud se la permitirías a cualquiera. Y preguntarte después si darle privilegios es justo para ti. Ojo, que no digo que le dejes de hablar, pero si ponerte en tu sitio.
Sabes, Inés? Yo pensaba que tenía defectos...que resulta que solo son virtudes. Y eso me lo hizo pensar él (el mío, no el tuyo). Y no se lo perdono. No necesitas ese plomo en la autoestima. Eres maravillosa y alguien maravilloso se va a dar cuenta de ello y a lo mejor cuando llegue se encuentra con tu puerta cerrada...y sería una pena.
El mío se sentía muy muy mal. Y sigue doliendome que se sienta así, pero otra de las cosas que no le he perdonado es que no confiara en mí como para contarmelo. Darme cuenta de esas cosas, fue lo que hizo que empezara a superarlo.
Micro, sí, ya sé que en estas cosas no hay bien ni mal, sólo más o menos dolor. Pero ha llegado un punto en que me parece injusto lo que me estoy dejando hacer.
Pétalo, precisamente. Estoy llegando al límite de mi saco y me jode. Y me jode un poco más que creo que en realidad es culpa mía por seguir dándole el poder. En fin. Sigo pensando si decírselo o no, pero no me apetece tener un encontronazo.
Qué raros son ustedes, los humanos. Como microalga, que se dedica a hacer la fotosíntesis y ya, todo lo humano me parece tan raro...
No sé quién tendrá razón (si ustedes, los humanos, o nosotros, los microorganismos fotosintéticos) pero, ¿se imagina que la tuviéramos nosotros, y que todo fuera mucho más simple de lo que parece?
Ojalá, Micro, ojalá.
Uf! Estamos igual, no sabés cómo te entiendo. El: "quiero que sigamos siendo amigos". Yo: Vale, pues compórtate como tal, no me racanees con las cosas que te pasen. Los amigos: "deberías cortar todo contacto". Yo: es que no me da la gana...
En mi caso, Griselda, soy yo la que quiere que seamos amigos. Aunque él no ha dicho nunca nada en sentido contrario, todo hay que decirlo.
Y sí, lo de racanear con las cosas que le pasan es de lo que más cuele. Porque te infantiliza, te convierte en alguien no capaz de lidiar con ello. Y eso es otra muesca más en la autoestima y en tu valor como persona. O al menos en mi caso es así.
Y lo de los amigos suele ser por preocupación por ti. Pero también te pone en ese mismo papel de incapaz.
Bueh, no le dé Usted más vueltas. Yo, a mis mejores amigos, tampoco les cuento TODO lo que me pasa.
(A no ser que me sirva para desahogarme, claro).
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