viernes, 5 de junio de 2009

Costumbres

Me acostumbré a ti. A tu voz, a tus ojos.

Me acostumbré a buscarte, a girarme para mirarte a oscuras y a escondidas. A necesitarte.

Me acostumbré a las mariposas, a la ilusión. A tener algo que anhelar, a alguien a quien echar de menos.

La costumbre me ganó la partida. Yo jugaba al escondite (de mí, de ti, de todos) y la costumbre me engañó, haciéndome sentir a salvo, para que abandonara mi refugio.

Ahora... Ahora me queda acostumbrarme al dolor de saber que tus manos recorren una piel extraña, una piel que no es la mía. Acostumbrarme al vértigo de la realidad, de saber que nunca despertaré a tu lado. Acostumbrarme a la locura de no verte. Porque la locura de verte me está consumiendo.

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