Apenas un centímetro separa nuestras manos, que se cruzan en su vaivén. Noto el aire moverse. Una y otra vez. Como una caricia. Tiemblo. No hay nada más que mi mano izquierda. No soy nada más que el dorso de mi mano. Otra caricia de aire. Otra más.
- No hacía falta que me acompañaras.
- Lo sé.
Silencio. Tu calor remplaza al aire.
- Aquí estamos.
Tu mano derecha se aleja de mi mano, mientras se desliza por mi cintura, hasta rodearme. Yo, torpe, no encuentro las llaves.
- ¿Necesitas ayuda con eso? - Susurras riéndote mientras te acercas aún más a mí. Tu aliento en mi nuca; la piel de gallina. Tu olor, tú... yo, apoyándome sobre tu hombro derecho, consigo abrir la puerta.
Silencio.
Mi mano derecha se enreda en la tuya y rompo el abrazo, adentrándome en la oscuridad. Me giro al caminar y sólo ahora mis ojos se encuentran con los tuyos. Y me veo en ellos. Me veo como nunca me he visto. Y veo el mismo anhelo que siento yo, la misma urgencia.
Silencio.
Paso. Pasas. Cierro y vuelvo a sentir tu aliento junto a mi mejilla. Tu mano izquierda roza mi nuca al apartar el pelo. Me besas el hombro, subiendo poco a poco por el cuello. Escalofríos. Tus manos... tus manos en mi vientre, explorando, curiosas, bajo la camiseta, la orografía de mi ombligo.
Silencio.
Me das la vuelta y me miras. Acaricias la curva de mi espalda. Un beso, por fin, un beso. Mis manos han encontrado el primer botón de tu camisa. Otro beso y otro botón. Tu lengua acaricia mis labios entreabiertos. Botón. Botón.
Silencio.
Liberas la presión. Tu camisa, arrugada, se ha quedado en el camino. Sonríes y sonrío. Descalza y de puntillas, en el quicio de la puerta de mi cuarto, vuelvo a besarte. Ahora soy yo la que explora, la que marca el ritmo y tú... Tú te dejas hacer, sorprendido, mientras te quitas el cinturón. Mis manos se encuentran con las tuyas cuando me dirijo a desabrochar el último botón. Sonreímos sin dejar de besarnos, mientras tu ropa cae al suelo. Me aprietas contra ti y te siento.
- No es justo que tú todavía estés vestida.
- Pues habrá que arreglarlo.
Me tumbas sobre la cama y vas levantando poco a poco mi camiseta, besando la piel que descubres, recreándote en mi tripa. Vas subiendo, ignorando lo obvio hasta besar allí donde se unen las clavículas y yo... yo ya no sé nada. Sólo que soy tuya, que hagas lo que quieras conmigo. Estoy vencida, dominada por tus grandes manos, rendida a tus labios. El mismo camino que tomó mi camiseta lo siguen ahora mis pantalones.
Silencio.
Tus manos fuertes, tan seguras hasta ahora se enredan en mi espalda. - ¿Necesitas ayuda con eso? - Susurro ahora yo, riéndome mientras me despojo de todo. Te separas un poco y me miras. Me miras como nunca me ha mirado nadie.
- Eres preciosa.
- No digas tonterías.
Condón y nos dejamos llevar. Desnudos, los dos. Vulnerables, los dos. Inseguros, desconocidos, anhelando la piel del otro. Tu mano derecha entre mis muslos, rozándolo todo. Tu mano izquierda en mi pecho izquierdo, acariciando, pellizcando, rodeándolo entero. Tu sudor sobre mi espalda, tus dientes en mi cuello. Apenas sosteniéndome sobre las rodillas, apoyando mi mano izquierda en la pared para no perder el equilibrio, mi mano derecha baja, buscándote, guiándote dentro. Muy dentro.
Marcas el ritmo y yo te sigo. Tus manos no me dan respiro más rápido más lento caricias tu aliento en mi nuca tiemblo me sostienes jadear más profundo una y otra vez gemir sudar morir
ya
mi espalda curvándose
no
músculos en tensión
puedo
oscuridad
más
morir
en tus manos, en tu piel, en tus labios.
Silencio.
Tus manos fuertes, tan seguras hasta ahora se enredan en mi espalda. - ¿Necesitas ayuda con eso? - Susurro ahora yo, riéndome mientras me despojo de todo. Te separas un poco y me miras. Me miras como nunca me ha mirado nadie.
- Eres preciosa.
- No digas tonterías.
Condón y nos dejamos llevar. Desnudos, los dos. Vulnerables, los dos. Inseguros, desconocidos, anhelando la piel del otro. Tu mano derecha entre mis muslos, rozándolo todo. Tu mano izquierda en mi pecho izquierdo, acariciando, pellizcando, rodeándolo entero. Tu sudor sobre mi espalda, tus dientes en mi cuello. Apenas sosteniéndome sobre las rodillas, apoyando mi mano izquierda en la pared para no perder el equilibrio, mi mano derecha baja, buscándote, guiándote dentro. Muy dentro.
Marcas el ritmo y yo te sigo. Tus manos no me dan respiro más rápido más lento caricias tu aliento en mi nuca tiemblo me sostienes jadear más profundo una y otra vez gemir sudar morir
ya
mi espalda curvándose
no
músculos en tensión
puedo
oscuridad
más
morir
en tus manos, en tu piel, en tus labios.
Silencio.
Éste es el deseo que voy a pedir cuando
sople las velas dentro de unos días.
Éste es el deseo que voy a pedir cuando
sople las velas dentro de unos días.
Bueno, éste o cualquier escenario similar.
O, mejor dicho, muchos escenarios así.
Avisados quedáis.
Avisados quedáis.

15 comentarios:
Yo estoy en Puertomarte sin Hilda. Espero que ningún becario reclame ahora mismo mi presencia, porque no puedo levantarme así de la silla.
Canalla.
¿Cuándo, lo de las velas, exactamente...?
Recuerdo yo no sé qué de que a determinadas edades el psicópata no respondía con la misma, digamos, celeridad.
Esto sólo demuestra lo equivocado que estabas (en cuanto a tema edades) o lo poco indicados que eran los estímulos. O eso o que tu madre había vuelto a las andadas con algún suplemento vitamínico.
Un besito, Micro.
Y lo de las velas... No te lo voy a decir. ¿Para qué?
Eso sí, te diré que el fuego que arde en mí seguramente tenga algo que ver con la fecha. Y no digo más.
Vale. Oído Cocina.
Hay un para qué.
Mi amigo Glomus ha suspendio (temporalmente) su viaje a Cádiz, de manera que, dada mi impaciencia característica, le mandaré a Usted el libro que le prometí. Al Astrofísico, claro. La única dificultad es que desconozco sus apellidos.
Usted misma: puede decírmelos en privado (microalgo/punto/marino/arroba/gmail/punto/com, o bien un mensaje al teléfono que sé que tiene), o yo lo mando allá a la anteción de "Inés, esa chica tan guapísima cuya foto un poco oscura adjunto sobre el paquete, discúlpenme pero es la de su blog y es la única que tengo".
¿Ve como sí que había un para qué? Las efemérides son importantes... una astrofísica debería saberlo.
Besos.
Y sí, lo que comenta. Qué curioso, oiga. Una cosa impactante, esto de la fisiología animal. Fascinante.
Pero ya se me pasa. Ea, ea. Ya está, tranquilo, Microalgo.
No soy tan difícil de identificar... Tenemos un directorio público, pero sí, habiendo otras dos Ineses, la cosa se complica ligeramente. Ahora mismo te lo hago llegar.
Y sí, la fisiología animal es, desde luego, fascinante. Especialmente teniendo en cuenta lo limitadísimo del estímulo (ni un sólo sentido involucrado, tan sólo la imaginación).
Una pena lo del suspenso del viaje. Pero siempre podría viaja una microalga (algo picaíta) en el sentido contrario. Digo yo.
Y que no lo he dicho antes... No he leído "En Puerto Marte y sin Hilda", pero estoy en ello y me acabo de encontrar con una fragmento que me ha encantado:
"... si el lector ha sostenido alguna vez entre sus brazos a una chica a 0,4 gravedades, sobran
las explicaciones. Y si no lo ha hecho, las explicaciones de nada sirven. Además, le compadezco."
Picaíto... Dios. No haga caso Usted a esa gente, que son material de frenopático.
Cuídese.
Y lo que me pude reír yo con los picaítos. Vamos, si son material de frenopático, este súcubo necesita ingreso urgente, porque me pareció gente de lo más normal. Y bastante reveladores, por cierto, pese a que cierto medallista de bronce decidiera omitir parte del material, dejándonos con la miel en los labios.
[Se nota que es lunes, que ayer me acosté tarde y que hoy me han despertado los de Telefónica temprano. Jo, hoy no me sale nada y no tengo ganas de pelearme con ello.]
¿De lo más normal?
Como pudo ver, me centré en votar a la que a la postre se reveló como ganadora. Sepa Usted que mis votos eran por cosas REALES.
Debería conocerlos un día.
Normales. Ya.
Sí, de lo más normal. Claro, que va desde la óptica de aquí una servidora que es rarita.
Y me tengo que creer que el resto no votaban cosas REALES. ¡Ja! Me temo que te han retratado, Micro.
Y bueno, si te sirve de algo, yo diría que no es un mal retrato.
Sí, lo del resto de la gente era real, pero no me compare, que lo de Carmen Moreno... más que poeta ella misma ES UN POEMA.
Micro, no os conozco lo suficiente para poder valorar sólo a partir de incidentes aislados... Lo que sí que tengo claro es que es necesario un tipo de persona especial para organizar algo como los picaítos y reírse (y hacer reír) de semejante forma.
Un beso
¿Incidente aislado?
Darle una calada a un porro, salir pitando a Urgencias y pedir la píldora del día después (que seguro que le dieron a la muy loca un lacasitos), ¿eso es un incidente aislado?
No sé, invadir Polonia, tal vez, es un incidente aislado, pero eso...
No insistas, que ya lei yo todas las picaditeces y me parecieron divertidísimas y propias de gente con mucho humor.
Además, que señalando con el dedo por aquí no vas a conseguir ningún premio adicional (aunque igual habría que comentarlo para la próxima edición de los premios).
Un beso
[Y esto es ya un off topic total]
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