martes, 9 de junio de 2009

Regalos

Me encanta hacer regalos. Regalos en ocasiones especiales. Regalos sin motivo, inesperados. Regalos que nacen de un recuerdo, de un pensamiento hilado en la rutina, de un descubrimiento. Me encanta hacer regalos.

Ese regalo que sabes que hará que la otra persona sonría. Que sabes que provocará una reacción, un click y de pronto todo encajará. Todo encajará porque desde ese momento hay algo más, algo suyo, pero también tuyo. Algo de los dos, que les acompañará a lo largo del camino.

Sí, regalo muchos libros, pero no son cualquier libro que a mí me haya gustado. Son libros que quiero compartir con la persona porque sé que le llenarán, le enriquecerán y que quizás, si no es por el regalo, jamás llegaría a descubrirlos.

Si puedo, además, trato de incorporar al regalo un je ne sais quoi mucho más personal. Una dedicatoria, un marcapáginas, unas galletas, un pastel. Hecho por mí, con mis manos, con mi tiempo. Porque regalar tiempo, sonrisas, cariño y besos es regalar un trocito de ti.

En cambio, no me gusta recibir regalos. Me resulta abrumador. No sé bien cómo reaccionar. Dar las gracias nunca me parece suficiente. Daría besos y abrazos pero la timidez me puede. Y seguiría sin bastar...

Pero es que hay regalos que recibo todos los días. Una sonrisa. Palabras sinceras. Tiempos compartidos, risas cómplices y gestos justo en el momento necesario. Me siento en deuda por cada uno de esos regalos rutinarios. Pueden parecer nimios pero para mí son un mundo.

¿Cómo decirle al otro que el regalo de su sola presencia ya significa tanto?

11 comentarios:

Microalgo dijo...

La oigo y me veo.

Por paradógico que parezca.

Un besote.

Inés dijo...

Micro, si nos parecíamos en las rarezas, tampoco me sorprende que nos parezcamos también en esta peculiaridad.

Otro besote.

Microalgo dijo...

Las galletas son fantásticas. Lo juro. Creo que en la composición ha olvidado Usted la evidente alícuota de crack. Porque no es normal lo que enganchan.

Un tercero. Cuide que no devenga la cosa en orgía.

Pooor cierto: ¿Me da la Dama permiso para enlazar su blog desde el mío?

Inés dijo...

Por supuesto que puedes enlazarme... Faltaría más :D

Y sí, esas galletas enganchan mucho, pero mucho. No sé por qué pero es el comentario más habitual cuando la gente las prueba. No sé, será cuestión de plantearme añadirle algo más y esclavizar a la humanidad a base de galletas.

Y que no falten besos, por favor. Para uno de los pocos placeres en esta vida que son gratis.

Muchos besotes y abrazos y lo que se tercie.

Microalgo dijo...

Pues sí. Con ellas dominará Usted el mundo.

Por dios, qué vicio de galletas.

A enlazarla voy antes de que nos corten internet un par de horas (amenazan con ello).

Inés dijo...

Pues si es así, cualquiera con dos manos, mantequilla, azúcar, limones, huevos, harina de trigo y harina de arepas tiene en su camino eso que a tantos se les ha resistido: la dominación del mundo. Bueno, miento... También hace falta un horno, tiempo y cariño para hacerlas. Pero bueno, eso se le supone a todo aquel que quiera dominar el mundo, ¿no?

También tengo otra receta de galletas que se conocen comúnmente como las "World Peace Cookies" (sí, las galletas de la paz mundial). No te cuento cómo están esas galletas.

Que sea leve el corte de internés.

Microalgo dijo...

Si va a dominar el mundo debe crear su propia receta. World War Cookies, o algo así. Algo un pelín más maligno...

Pero las otras ya son suficientes.Estoy por licuar una e inyectármela, no le digo más.

Inés dijo...

A ver, tampoco exageremos. Que al final va a parecer que son más de lo que en realidad son.

Sí, admito que están buenas. Y admito que tienen tendencia a desaparecer sin que uno se de cuenta (casi). Pero de ahí a lo que propones... Va un trecho.

Moderación, Micro, moderación. O eso, o manos a la obra para satisfacer el mono, que tampoco había tantas en el paquete :D

Inés dijo...

Y sobre las World Peace Cookies... Si hubiera una fuente ilimitada de ellas, seguro que el mundo iba a ser más pacífico.

El problema iba a ser cuando empezaran a escasear: no quiero ni imaginarme las batallas que se provocarían. Vamos, que pueden llegar a convertirse en las World War Cookies perfectamente.

Entre las galletas y el rayo ese que ibas a construir tú para convertirte en un supervillano y volar La Gomera por los aires... ¡Ya lo tenemos todo!

Microalgo dijo...

Pues dudaba entre churruscar La Gomera con el clásico láser y sumergirme con una sierra de pelillo y cortarla, submarinamente, en bisel, para que se resbalara e hiciera CHOF y se hundiera en el abismo oceánico. Pero nada, si a USted le hace ilusión, la churruscamos. Que, además, el tsunami generado por la opción sierra-de-pelillo lo mismo no tenía tan fácil control después...

Inés dijo...

Ey, que yo nunca he dicho que quisiera churruscar La Gomera (con lo bonito que es el Parque del Garajonay). Sólo recordaba tu plan y bueno, puestos a dominar el mundo, un rayo destructor me parece mucho más efectivo que mis galletas. ¡Dónde va a parar!