sábado, 19 de junio de 2010

Extraños e historias

He de confesarlo: tengo un superpoder. Soy capaz de proyectar una imagen de "este es mi espacio y aquí no entra ni Dios" increíblemente eficaz para espantar a los tíos en los bares y que los taxistas no me hablen.

El problema es que el alcance se limita a esos dos grupos de personas. Nadie más. De hecho, el resto no sé si es que no ve mi especial campo de fuerza o directamente, que se ven atraídos hacia él para intentar atravesarlo. ¡Ni que les fueran a dar un premio! Eso ha llevado a situaciones de todo punto surrealistas. Empieza aquí una serie que me temo que será larga.

Caso 1: verano de 2008

En la cola del supermercado colocando mi compra en la cinta después de un buen rato de espera. Se me acerca una mujer (no muy mayor, de apariencia normal) y me pregunta que dónde está el papel higiénico. Lo que pensé fue "¿tengo yo pinta de trabajar aquí?" (nótese que venía de haberme dado un chapuzón en la playa, así que llevaba unos vaqueros rotos, camiseta de tirantes, el bikini, gafas de sol y, por supuesto, mis pelos de loca post-playa) pero lo que le dije fue "en el segundo pasillo por allí". Y hacia allí que se encamina ella.

Hasta ahí, todo normal (o más o menos).

Cuando ya estaba colocando las últimas cosas en la cinta (huevos y fresas, para que no se espachurren con el resto de cosas) noto un toquecito en el hombro.

Y sí, allí estaba la mujer de antes, con (no sé bien cómo) cuatro paquetes de 36 rollos de papel higiénico. Momento incredulidad. Momento: "¿con qué diantres me ha dado el toquecito en el hombro?" Momento: "¿y ahora qué querrá?" Mi campo de fuerza espanta-extraños parece estar notablemente debilitado porque la señora coloca uno de los paquetes encima de mis fresas y mis huevos ("¡¡Noooooo!!") mientras resopla y me dice "Toma. Ahora ya tenemos todo. Paga y vámonos."

Repito.

"Toma. Ahora ya tenemos todo. Paga y vámonos."

Los chicos que tenía detrás que habían contemplado toda la escena vieron mi cara y se empezaron a descojonar allí mismo. A carcajadas. Y la señora que me seguía mirando, ¡¡con 108 rollos de papel higiénico en las manos!! Como si aquello fuera lo más normal del mundo. Como si yo fuera su hija largo tiempo perdida y que, casualidades de la vida, le había indicado dónde estaba el papel higiénico en el súper. Como si realmente yo fuera a pagar por su papel higiénico.

10 segundos de silencio.
20 segundos de silencio.
30 segundos de silencio.
40 segundos de silencio.

Plonck. Un paquete de rollos de papel higiénico que deja caer.

10 segundos de silencio.
20 segundos de silencio.

Plonck. Plonck. Caen los otros dos.

Da media vuelta. Y se va. Sin decir nada. Como si ya hubiese cumplido su cometido. Ni "adiós", ni "me he equivocado de persona", ni nada. Sin excusas. Sólo plonck, plonck, plonck.

Obviamente, no me llevé el papel higiénico. Ninguno de los paquetes. Aunque sí unas fresas algo machacadas (los huevos sobrevivieron, por suerte). Y por suerte también, no la he vuelto a ver.

Moraleja
Si alguien te pide ayuda en el súper, haz como que no hablas español. Seguro que te ahorras problemas... Aunque eso me recuerda otro incidente. Mmmm. Otro día.


Nota: Este post y los que seguirán vienen a sugerencia de Efe
por un comentario en su entrada sobre los taxistas.
Credit where credit's due.

10 comentarios:

Efe dijo...

Nonono, ¿y lo de los horóscopos qué? Eso tiene PRIORIDAD.

PS: Pobre señora, buscando a una hija con la carrera ya hecha. Si llega a colar habría sido la envidia de las vecinas.

Inés dijo...

Efe, agonías, dame tiempo... Que esa historia me exige dedicación y un estado mental lúcido (que hoy no poseo) para poder plasmar todo el surrealismo.

juan dijo...

Hola Inés,
la astrofísica me trajo hasta aquí, el título del blog después, y por supuesto mirar lo que hay detrás. Tu superpoder me puede mandar a Andromeda 4. Basta con que me ignores. De todas formas aprovecho para felicitarte por este relato bien divertido, por tu expresión, y por el blog, muy chulo.


Saludos

Inés dijo...

Hola Juan,

Lo primero, ¡bienvenido! Obviamente, aquí no se ignora a nadie; esto no es un bar ni un taxi ;) Y además, que a mí me hace mucha ilusión que os paséis por este buzón.

Muchas gracias por los piropos para el blog y la historia (que conste, totalmente verídica, muy a mi pesas).

Y nada, si encuentras la forma de llegar a Andrómeda 4, me avisas, que no me vendrían mal unas vacaciones.

Cattz dijo...

Francamente, ahora me aterroriza juntarme con Pétalo y contigo e ir las tres por la calle. Nos puede seguir una manada de locos rarunos de estos.

Inés dijo...

Cattz, cuando lo estaba escribiendo era justo lo que pensaba, que menudo trío que formaríamos :P

Y no sé, no creo que ésta sea la más rara. Ya juzgaréis más adelante.

Besos

Pétalo dijo...

Jajaja.Dios, me podría haber pasado a mí perfectamente!!! Es una historia buenísima. Aunque peor habría sido si viniera con...no sé...crema depilatoria en cantidades industriales? No, creo que no hay nada peor que el papel higiénico. Por lo menos se fue por su propio pie...

Inés dijo...

Pétalo, de veras, podría haber sido peor. Imagínate lo mismo con pañales para adultos.

Y yo creo que ese minuto de silencio fue la única forma de que se fuera. Seguro que si le hubiese dicho algo me hubiese contestado "¡Pero si me lo acabas de pedir!" o "¡Por favor, que no tengo dinero!". Y sinceramente, lo de tener una escenita en el Alcampo, un sábado a las 17-18, como que no me apetecía nada de nada.

Er-Murazor dijo...

Vaya, y yo pensando que peor que los chonis del Alcampo de Granada no podía haber nada...

Cattz, cuando estuve en Tenerife me llevaste por la zona turística, ¡yo no vi ningún raruno de esos!

Inés dijo...

Eso es porque todos los rarunos nos deben de tocar en suerte a Cattz, Pétalo y yo. Somos así de afortunadas, ya ves.