viernes, 18 de junio de 2010

Insomnios (II)

Soy insomne. Bastante. Aunque en realidad me encanta dormir, no acabo de encontrar mi botoncito de off. Así que, tumbada en la cama a oscuras dejo a mi cerebro libertad. La mayoría de las veces, me agobio porque...

...pienso en el curro. En lo que me queda por hacer (montañas). Y me agobio más. Y pienso en qué haré cuando sea doctora. En dónde iré; dónde me querrán; qué idioma hablarán o en si tendrán el mismo alfabeto que nosotros. Y el agobio alcanza cotas estratosféricas. O si no me quieren en ningún lado, en qué trabajaré. Y así no hay quien concilie el sueño.

Pero también imagino. Y ahí ya sí, es el acabose.

Porque imagino historias llenas de ti, de caricias y de mimos. De sorpresas. O de cotidianeidades compartidas. Oh, sí, a veces (quien dice a veces dice frecuentemente), divago a terrenos algo menos bucólicos, ejem, y en ese estado no es que dormir sea difícil; es que es imposible.

Y cuando me doy cuenta de que por ese camino voy mal, imagino amargas rupturas (generalmente por mi culpa) para intentar mitigar los anhelos. Y claro, eso no es mucho mejor.

Así que enciendo la radio. Bajita, para que sirva de ruido blanco. Y me vuelvo a concentrar en lo cotidiano. En recetas. Pero de las recetas paso a la limpieza de la casa. Y eso o me lleva de nuevo a pensar en ti (malo) o me lleva a pensar en qué hacer con mis muebles cuando acabe (que es otra de las cosas que me agobia; sí, soy así de boba). Malo también.

Así que me levanto. Y me tomo un par de valerianas. O una taza de leche caliente. Y vuelvo a la cama.

Pero entonces recuerdo algo que leí y que me quedé con ganas de comentar. Y le doy vueltas. O pienso en escribir algo. Y a eso le doy todavía más vueltas. Y pensar en escribir, me vuelve a llevar a pensar en ti. Y concluyo que tengo una vida interior demasiado limitada (¿¡sólo pienso en ti!?). Así que cojo un libro...

Y me engancho. Dos horas después, sigo leyendo. Y me agobio al pensar en lo cansada que estaré mañana. ¿O es hoy?



Desde que volví a Tenerife, sólo he dormido de verdad bien (aunque poco, todo hay que decirlo), cuando lo he hecho entre tus brazos. Creo que me has robado el botón de apagado. Te rogaría encarecidamente que me lo devolvieras a la mayor brevedad.



Por supuesto, hay toda clase de variantes de esta narración. Repasar conversaciones es otro de los vicios de mi insomnio. O agobiarme por viajes que, en realidad, me hacen mucha ilusión. Por supuesto, donde ahí arriba dice "libro" podría decir "portátil" y la diferencia sería el brillo azulado al navegar de blog en blog.

Y no. No duermo siesta. Dormir de día y yo no nos llevamos. Sólo en situaciones de cansancio extremo (después de noches completamente en blanco) puedo llegar a dormir algo de día. Pero sólo por la mañana y raro es que más de 4 horas. Y esto de la no siesta no es de ahora: ni siquiera en la guardería (con 1-2 añitos) eran capaces de que durmiera después de comer. Y menos cuando a los "mayores" les contaban cuentos. ¡Ja! Que se creían ellos que me iban a escamotear a mí unos cuentos.

Cuentos... Historias... Definitivamente, no he cambiado tanto.

2 comentarios:

Goethita dijo...

Yo tambien soy insomne...
Me prestas a tu chico a ver si a mi me funciona??

Inés dijo...

Deberías preguntárselo a él directamente, claro, a ver si está dispuesto a prestar sus servicios como abrazador nocturno.

Y si te dice que sí me avisas, que entonces yo muy dignamente, renunciaré a sus servicios.

Vamos, que no te lo presto.