Cuando empecé con esto de la repostería, una de las cosas que me propuse hacer fue recrear esa tarta. Pero no había llegado el momento nunca. Hasta este finde, claro, donde además serviría como mi tarta de cumpleaños (o algo así). Y sí, sé que es raro que una persona se haga su propia tarta de cumpleaños. Y todavía tendré que hacer otra (u otras dos).
Volviendo al tema. Cuando llegué de Tenerife decidí hacer una versión un poquito más evolucionada de la tarta original, añadiendo champán al bizcocho que sirve como base, porque ya se sabe que fresas y champán es una de esas parejas casi indisolubles. Dijo la abstemia que evita usar alcohol en repostería siempre que puede.
Busqué alguna receta que me sirviera como base, hice la compra (por primera vez en mi vida compré una botella de champán; bueno, cava, y ni siquiera era de tamaño normal, pero ea, me sentí casi adulta; que me pidieran el DNI fue sólo la guinda del pastel), me hice un miniplanning y me puse con ello.
Empecé ayer con el bizcocho chiffon de champán. No es una receta complicada e incluso fui capaz de abrir la botella de cava sin cargarme nada (oh sí, fue un momento de orgullo para mí, que me esperaba acabar con un ojo morado o algo; mi torpeza es legendaria). Además del bizcocho para la tarta, hice 12 cupcakes y 9 pseudo-madeleines (es decir, el bizcocho éste horneado en molde de madeleines). Hasta ahí todo bien.
El bizcocho se desmoldó perfectamente, corté las dos capas casi perfectamente horizontales, las envolví y todo pintaba a la perfección. Y eso, claro, no es un buen síntoma en mi caso.
Vino mi madre y decidió tapar la botella de cava (que estaba a medias) con un tapón que creo que es especial para botellas de vino. La idea es un tapón delgadito que al bajar una palanca en la parte superior, el interior del tapón se encoge, haciéndolo más ancho.
Obviamente, no fue una buena idea.
Mi cena, mi ropa, mi pelo, la encimera, los muebles y hasta el techo de la cocina, dan fe de ello.
Aún así, decidí ponerme ya anoche con la gelée (forma elegante de decir gelatina) de fresas que no es más que un coulis (almíbar) de fresas con gelatina (la gelatina, obviamente, no se la añadí ayer). Todo bien y sin quemarme, para variar (el azúcar caliente y yo tenemos una cierta tendencia a encontrarnos indebidamente).
Sólo faltaba picar las fresas y seleccionar las de adorno, preparar la crema pastelera, montar la nata y hacer el montaje final de la tarta. Nada especialmente complicado.
Así que, me fui a dormir. Más tarde. Mucho más tarde. Y nerviosa por causa ajena. Aferrada al móvil por si alguien me llamaba durante su último repaso. Y tuve pesadillas raras. Rarísimas. De hecho, todas las noches que he dormido en Madrid he tenido pesadillas totalmente surrealistas.
Mi plan hoy era sencillo. Levantarme, desayunar y ponerme con las cosas pendientes.
- Pintar las dos capas de bizcocho con el coulis de fresa.
- Seleccionar las fresas de adorno.
- Preparar la crema pastelera.
- Picar fresas parar el relleno.
- Montar la nata.
- Calentar el resto del coulis para disolver la gelatina.
- Montar la tarta.
Puntos 1, 2, 3 y 4 fueron realizados sin problemas. Eran poco más de las 11 cuando he acabado con esos puntos. Y he decidido montar la nata con la Thermomix.
¡Error!
La thermomix de mi madre y yo tenemos una relación de amor-odio. Hay cosas que hace genial y quedan fantásticas pero hay otras en las que es mucho mejor hacerlo a mano (cambian los sabores, las texturas y yo soy muy pejiguera en la cocina). Y la nata puede ser muy temperamental.
Aún así, la he montado. Y parecía estar perfectamente montada. No me había pasado, no se había convertido en mantequilla. Así que he puesto a calentar el coulis restante y cuando estaba hirviendo, he apagado el fuego y le he añadido gelatina en polvo (que odio, prefiero mil veces usar gelatina en hojas, pero no tenían en el súper ni mi madre en casa).
Ya lo tenía todo para empezar a montar la tarta. O eso parecía... Hasta queme he empezado a poner la nata en la parte de encima y en los laterales.
Ya lo tenía todo para empezar a montar la tarta. O eso parecía... Hasta que
Y he visto que tenía una textura rara.
Y he ido a por la rejilla del grill del microondas para usarlo como soporte y tener mejor luz.
¡Error!
La rejilla tiene tres patas. TRES. En lugar de tener una superficie plana (bandeja sobre la que reposaba la tarta) sobre otra superficie plana (la mesa), tenía TRES puntos de apoyo. Receta para el desastre, obviamente.
Así que ahí estaba yo intentando extender una nata con una textura MUY rara cuando...
¡Clonck!
Una de las patas ha alcanzado el borde de la mesa, ha perdido apoyo y la tarta se ha precipitado contra mi muslo y al suelo.
¡Mierda, mierda, mierda!
Todo mi muslo derecho lleno de la rarérrima (probad a decir semejante palabro unas cuantas veces seguidas, ¡juas!) nata y una tarta en el suelo. Pero que...
...MILAGROSAMENTE...
...ha aterrizado hacia arriba.
Uff. Sólo ha quedado un poco loopsided. Nada grave, pero me ha dado un poquito de rabia. Para una vez que me había quedado planita, horizontal y mona...
En fin. La he recogido. He limpiado el suelo, la mesa y me he quitado lo más posible la nata de la ropa y he seguido.
Y he experimentado lo que es tener una nata tan tímida que se corta. Vale, el chiste es horrible, pero es que se trataba de una nata... Curiosa. En la jarra de la Thermomix estaba perfecta, pero en cuanto empezaba a extenderla por la tarta, se cortaba. ¿Algún experto en la sala que pueda aportar luz sobre la causa de tan peculiar comportamiento?
La verdad es que me he desesperado un poco. He quitado toda la nata posible (que esté cortada no implica que esté mala, sólo que no tiene la textura buscada) y he metido la tarta en la nevera.
He mirado el móvil y he descubierto una llamada perdida (de 20 minutos antes, más o menos) que debería haber cogido (eso me pasa por tener siempre el móvil en silencio) y me he puesto a intentar devolverla por todos los medios posibles. Más de 5 llamadas después y varios mensajitos por el msn mediante, he llegado a la conclusión de que el universo entero me estaba diciendo que hoy NO era mi día. Claramente.
Y dado que no era mi día, he aprovechado para barrer un poco. Y me he encontrado pegotes de pintura al barrer debajo de la cama de mi madre. Pegotes de pintura demasiado grandes. Pegotes que han resultado ser parte de la pared. Parte de la pared que ya no existe. Vamos, que las obras en la casa del vecino han originado un hermoso boquete detrás del cabecero de la cama de mi madre. Y por supuesto, el vecino no nos coge las llamadas y no tenemos la póliza de los obreros, con los que tendré que lidiar mañana.
He vuelto a la cocina dispuesta a montar la nata a mano (las ganas de matar es lo que tienen) y a vencer en mi particular batalla del domingo por la mañana. Eso sí, con el móvil colgado del cuello y con el sonido activado, no fuera a ser que alguien quisiera hablar. Otra vez.
Y la primera en la frente: la gelatina en el coulis había hecho grumos. No se había disuelto bien y se habían quedado pegotes. ¿He dicho ya que odio la gelatina en polvo? Mejor en hojas, mejor en hojas, ¡mejor en hojas! Ale, a por un colador y a dejar que la gravedad hiciera su efecto.
Vuelta a la nata. Segunda en la frente. He cogido un brik que tenía mi madre abierto y tenía vida inteligente. Fregoteo al bol y lo intento una tercera vez con el penúltimo brik a mi disposición (recordemos que hoy es domingo).
La he montado a mano. Y esta sí que se ha comportado de forma normal.
Y he cubierto la tarta, colocado las fresas encima de forma más o menos decorativa y añadido la gelée de fresas (ya colada). Y a la nevera a esperar que cuajara.
Un rato después, una ducha mediante (sí, aún tenía nata en el muslamen, había otras prioridades) y algún tuiteo por ahí quejándome de mi gafe...
Ha quedado preciosa. Está mal que yo lo diga, pero es que... ¡¡es verdad!! Y además está buena. Motivo por el cual, la receta vendrá en el siguiente post. Al final no ha sido tan desastre.
Actualización: 28/Jun/2010 - 17:08
Por petición popular, un par de fotos de la tarta. La otra petición popular, sus aguantáis.
Todo mi muslo derecho lleno de la rarérrima (probad a decir semejante palabro unas cuantas veces seguidas, ¡juas!) nata y una tarta en el suelo. Pero que...
...MILAGROSAMENTE...
...ha aterrizado hacia arriba.
Uff. Sólo ha quedado un poco loopsided. Nada grave, pero me ha dado un poquito de rabia. Para una vez que me había quedado planita, horizontal y mona...
En fin. La he recogido. He limpiado el suelo, la mesa y me he quitado lo más posible la nata de la ropa y he seguido.
Y he experimentado lo que es tener una nata tan tímida que se corta. Vale, el chiste es horrible, pero es que se trataba de una nata... Curiosa. En la jarra de la Thermomix estaba perfecta, pero en cuanto empezaba a extenderla por la tarta, se cortaba. ¿Algún experto en la sala que pueda aportar luz sobre la causa de tan peculiar comportamiento?
La verdad es que me he desesperado un poco. He quitado toda la nata posible (que esté cortada no implica que esté mala, sólo que no tiene la textura buscada) y he metido la tarta en la nevera.
He mirado el móvil y he descubierto una llamada perdida (de 20 minutos antes, más o menos) que debería haber cogido (eso me pasa por tener siempre el móvil en silencio) y me he puesto a intentar devolverla por todos los medios posibles. Más de 5 llamadas después y varios mensajitos por el msn mediante, he llegado a la conclusión de que el universo entero me estaba diciendo que hoy NO era mi día. Claramente.
Y dado que no era mi día, he aprovechado para barrer un poco. Y me he encontrado pegotes de pintura al barrer debajo de la cama de mi madre. Pegotes de pintura demasiado grandes. Pegotes que han resultado ser parte de la pared. Parte de la pared que ya no existe. Vamos, que las obras en la casa del vecino han originado un hermoso boquete detrás del cabecero de la cama de mi madre. Y por supuesto, el vecino no nos coge las llamadas y no tenemos la póliza de los obreros, con los que tendré que lidiar mañana.
He vuelto a la cocina dispuesta a montar la nata a mano (las ganas de matar es lo que tienen) y a vencer en mi particular batalla del domingo por la mañana. Eso sí, con el móvil colgado del cuello y con el sonido activado, no fuera a ser que alguien quisiera hablar. Otra vez.
Y la primera en la frente: la gelatina en el coulis había hecho grumos. No se había disuelto bien y se habían quedado pegotes. ¿He dicho ya que odio la gelatina en polvo? Mejor en hojas, mejor en hojas, ¡mejor en hojas! Ale, a por un colador y a dejar que la gravedad hiciera su efecto.
Vuelta a la nata. Segunda en la frente. He cogido un brik que tenía mi madre abierto y tenía vida inteligente. Fregoteo al bol y lo intento una tercera vez con el penúltimo brik a mi disposición (recordemos que hoy es domingo).
La he montado a mano. Y esta sí que se ha comportado de forma normal.
Y he cubierto la tarta, colocado las fresas encima de forma más o menos decorativa y añadido la gelée de fresas (ya colada). Y a la nevera a esperar que cuajara.
Un rato después, una ducha mediante (sí, aún tenía nata en el muslamen, había otras prioridades) y algún tuiteo por ahí quejándome de mi gafe...
Ha quedado preciosa. Está mal que yo lo diga, pero es que... ¡¡es verdad!! Y además está buena. Motivo por el cual, la receta vendrá en el siguiente post. Al final no ha sido tan desastre.
Actualización: 28/Jun/2010 - 17:08
Por petición popular, un par de fotos de la tarta. La otra petición popular, sus aguantáis.

8 comentarios:
Un amigo mío que dice que sabe lo que dice me dice siempre que la themomix roba el alma a los alimentos.
Tu nata pues, no estaba cortada sino esencialmente desalmada. Y claro, así no vamos a ninguna parte.
Y, por cierto, papafrita, tu cosa-de-tres-patas tiene tres-patas porque es la forma de garantizar que no cojee jamás. Otra cosa es que tú la apoyes en el aire, claro.
Si es queeee, esta gente de letras...
PS: Best frase ever: "Y la nata puede ser muy temperamental". Genial.
Estoy de acuerdo con tu amigo. Pierden su esencia. Hay cosas que sí (montar claras, hacer purés) porque son básicamente rutinarias. Pero otras son "¡no, no, no, no, no!" (por ejemplo, la bechamel de las croquetas; no tiene nada que ver a cómo queda cuando la haces en sartén).
Sé que la rejilla del grill del microondas (alias "cosa-de-tres-patas") es así para que no cojee. Pero también tiene menos estabilidad que si tuviera una peana grande al estilo de esto. Aún así, estaba claro que me lo tenía que tirar encima. Llevaba mucho tiempo sin hacer ninguna de las mías.
Y la nata *PUEDE* ser temperamental. Y no hablemos de otras cosas. Pero claro, ni punto de comparación con la de bote, que ni temperamento, ni alma, ni na'.
¿Y contándome cosas como estas quereis que yo aprenda a cocinar algún día...? Madre mía, que estrés...
Zor, que yo sea un desastre, me tire las cosas encima y tenga tendencia a quemarme/cortarme/estresarme no implica que la cocina sea ni complicada ni estresante.
Y aprender a cocinar es garantía de comer cosas ricas. Piensa en todos los años que lleva mi madre esperando *SU* tarta...
QUEREMOS FOTOS.
De la tarta.
Y bueno, si sale Usted cubierta de nata también, pues...
Ejem, Micro, no, no hay fotos. La tarta está a medias!! No le voy a hacer una foto a una tarta a medias, ¿no?
Y no, fotos mías cubiertas de nata, aquí NO.
Besos
¿Entonces dónde? (lo de las fotos tuyas cubierta de nata, digo).
Porque el orden es: te cubres de nata y luego haces la foto, ¿no? Que en la última frase parece que es que te haces la foto y luego le echas la nata encima, que también mola, pero no tanto...
Zor, ni fotos cubiertas (¿de dónde me he sacado esa 's'?) de nata (menuda guarrería, ¿no?) ni fotos mías cubierta yo de nata (menuda guarrería, ¿no? :$). Ejem.
Y bueno, al final sí he sacado foto de la tarta y las cupcakes. Las subiré a lo largo de la tarde.
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