lunes, 7 de junio de 2010

Gafes

Además de la odisea de mi lavadora (narrada aquí y aquí), he tenido unos cuantos incidentes en lo que va de año.

- Me rompí el peroné de una forma tonta.
- Luego se me desplazó la fractura y algo que debería haber soldado en mes y medio aún sigue dando la lata.
- Se me fastidió el transformador de corriente del portátil.
- Cuando llegué a Tenerife se me fastidió el nuevo transformador.
- Por supuesto, la batería de mi coche (parado cuatro meses en el aparcamiento del IAC) estaba muerta. Y me tocó cambiarla.
- Y ya de paso en el taller me dijeron que las bujías estaban de pena y hubo que cambiarlas también.
- El aire acondicionado del coche murió. Y aunque lo llevé a rellenar, parece que tiene una fuga el depósito del líquido refrigerante. Aún tengo que llevarlo a reparar.
- Mi yayo se puso pachucho otra vez.
- En la revisión pre-ITV resultó que los frenos estaban bajo mínimo. Sí, también hubo que cambiarlos.
- Mi visita (esa que dijo lo de los ácaros) vino. Y tuvimos unos problemillas con restaurantes cerrados y con restaurantes abiertos. Aunque en realidad mereció la pena.
- Yo viajé tres veces a verle. La primera perdió las llaves de su casa (con mis cosas dentro, sí). Y las otras dos, mi alergia primaveral (olvidada desde que me mudé a Tenerife) resurgió con fuerza.
- A mi hermano le dijeron que parece que tiene EM asintomática.
- Mi lavadora murió a mitad de lavar la funda del sofá, como ya sabéis.
- Me pusieron una noche de observación en mitad del fin de semana en que venía mi amiga no bloggera.
- El ordenador de mi despacho murió. Y no había forma de revivirlo.
- Luego murió el ordenador al que me había mudado temporalmente.
- Más tarde murió el ordenador de mi jefe en el que estaba corriendo unos procesos.
- Y finalmente el que tuvo línea plana fue mi portátil (al que tuve que cambiarle el disco duro).

El balance a día de hoy, sin embargo, no es malo. Creo que está siendo un buen año pese a todo lo anterior. Lo que más me preocupa es lo de mi hermano (pero él está contento; se había puesto en cosas mucho peores) y lo de mi yayo (pero es ley de vida). Y he decidido que no creo en los gafes y que si ellos sí que creen en mí, se van a cansar. Porque no pienso dejar que me venzan.

6 comentarios:

Efe dijo...

ALGUIEN está GAFADA, y no queremos señalar.

Inés dijo...

Pues este ALGUIEN dice que le da igual. Y que pese a todo, va a seguir sonriendo y ganándole la partida a los gafes.

¡A por ellos, que son pocos y cobardes!

Er-Murazor dijo...

Cobardes sí que lo son, ahora que lo de pocos...

Pero bueno, no dejan de ser todo pequeños detalles, tú puedes con eso y con más. Como tú dices, lo único realmente gordo de todo eso es lo de tus familiares, lo demás no dejan de ser anécdotas puntuales. Con más o menos mala pata, como lo de la observación el día de tu amiga... pero eso se compensa tomándose con más ganas la próxima visita.

Ale. No te doy ánimos, que los tienes y de sobra. Muchos besos a cambio.

Inés dijo...

Zor, sí que son pequeños detalles. Pero se acumulan. Y unidos al estrés de estar en último año, al retraso que llevo en mi programación de cara al depósito y la defensa, al curro extra que supone organizar los seminarios, al curro extra que supone echar una mano en el museo de la ciencia y el cosmos, etc., pues ya no parecen ni tan detalles ni tan pequeños.

Lo de mi hermano y mi yayo es lo peor. Y sinceramente es a lo que menos atención he prestado porque no tengo modo de arreglarlo. Está totalmente fuera de mi control y sumarlo a todo lo demás sólo acabaría de hundirme.

Así que, ahí sigo. Adelante.

Microalgo dijo...

Es la rueda, Dama Inés. A veces se está arriba y a veces abajo. Y el gafe no existe.

Un amigo mío dice que no es supersticioso porque le da muy mala suerte.

En fin. Dele duro.

Inés dijo...

Micro, si ya lo sé. Y sé que pasará. Pero vamos, que pese a todo lo que está pasando, en realidad no me siento estar abajo.