Pero antes de pasar a las citas, un par de impresiones generales sobre ellos.
City de Alessandro Baricco
De Baricco sólo había leído Seda y aunque me gustó, me pareció algo cursi, la verdad. La historia de amor no me llegó pero a veces me pasa con la poesía (y aquello era, básicamente, prosa poética). En cambio, City, me ha llegado mucho más. Me cae
La felicidad de los ogros de Daniel Pennac
Este es un libro sencillamente delicioso. No he destacado ni la mitad de citas o fragmentos que en City pero es que todo el libro es reseñable. Los personajes, encantadores: Malaussène, Clara, Théo, Thérèse, Jérémy, Julia y el Pequeño. Todos más raros que perros verdes y todos perfectamente reales (o algo así). Adorables (volvemos a lo de mi tipo). Y la historia... La historia es dolorosa y terriblemente dulce; un cuento de navidad que tiene un puntito amargo y que, sin embargo, te deja el mejor sabor de boca posible. Muy, pero que muy recomendable.
Ahora que lo pienso, debería darle efusivamente las gracias al regalador. Pero tendrá que esperar al día 20...
Y ahora sí, las citas:
Era una especie de lacerante, dolorosa maravila. [...] Sientes una especie de consolación, dentro de de ti, casi una revelación, que te abre el alma de par en par, por decirlo de algún modo, pero simultáneamente una especie de punzada, la sensación de una pérdida irremediable, y definitiva. Una dulce catástrofe. [...] Es algo raro. Cuando resulta que ves el lugar donde estarías salvado, siempre estás ahí, mirándolo desde fuera. Nunca estás dentro. Es tu sitio, pero tú nunca estás ahí. City (Cap. 3)
La vida verdadera nunca habla. Es sólo un juego de habilidad, algo que ganas o pierdes, te hacen jugar para distraerte, así no piensas en ello. City (Cap. 3)
Cuando, en el tropel de materiales que la percepción se encarga de trasladar desde la experiencia hasta nosotros, un detalle, y sólo ése, aflora entre el magma de la totalidad y, escapando todo control, llega a herir la superficie de nuestra automática ausencia de atención. Generalmente, no hay razón para que instantes como ése acaezcan y, sin embargo, acaecen, encendiendo repentinamente en nosotros una emoción inusitada. Son como promesas. Como destellos de prmesas. Prometen mundos. City (Cap. 6)
-- ¿Sabes qué ocurre en la cabeza de alguien que se vuelve loco? -- preguntó Gould.
[...] No sé, dijo Shatzy, creo que se les rompe algo en su interior, por lo que tienen pedazos que ya no responden a sus órdenes. [...] Así que todo se va al carajo, es una especie de anarquía organizada, abres el grifo y se enciende la luz, [...] Dijo que si no puedes salir de una casa como ésa, debes encontrar una forma de vivir en ella. Ellos lo hacen. Desde fuera no se comprende, pero para ellos todo es muy lógico. City (Cap. 16)
Parecía que estuviera dentro de una campana donde nada podía llegar a afectarle. Mondini lo había visto otras veces: ocurría con los campeones. Era una mezcla de fuerza irrefutable y soledad definitiva. Los resguardaba de toda derrota, y de toda felicidad. Y así perdían, imbatidos, toda la vida. City (Cap. 17)
Siempre hay algo que se pierde por el camino, pensó. [...] Debería dejarlo, pensó. Así nunca se llega a ningún sitio. Sería todo mucho más sencillo si no te hubieran inculcado esa historia de llegar a algún sitio, bastaría con que te hubieran enseñado, sobre todo, a ser feliz permaneciendo inmóvil. Todas esas historias sobre tu camino. Encontrar tu camino. Ir por tu camino. A lo mejor, en cambio, estamos hechos para vivir en una plaza, o en un jardín público, allí quietos, dejando pasar la vida, a lo mejor somos una encrucijada, el mundo necesita que estemos quietos, sería un desastre que nos marcháramos, en un momento dado por nuestro camino, ¿qué camino?, los otros son los caminos, yo soy una plaza, no llevo a ningún sitio, soy un sitio. City (Cap. 21)
...piensa qué puede signidicar eso para él, esa vertiginosa soledad y esta vida que estalla, ¿hay que sorprenderse si está dispuesto a morir por su idea?, él existe en esa idea, ¿qué significa morir por esa idea?, estaría muerto de todas formas si se la quitaran, se salva en esa idea, [...] y es que ante todo se salva a sí mismo, con la coartada accesoria de salvar a los demás, robando a su destino esa necesaria dosis de reconocimiento y admiración y deseo que le hace estar vivo; [...] sólo quieren estar vivos, hasta los mejores, [...] para ellos se trata de una cuestión de supervivencia, [...] no te dejes engañar por la aparente docilidad de su tono, por las palabras que eligen, astutamente dóciles, están luchando, [...] son animales, y eso que son los mejores, ¿comprendes? ¿qué puedes esperar de los demás que sea distinto?, de los pequeños mercenarios de la inteligencia, de los comparsas en la gran lucha colectiva, de los pequeños guerreros cobardes que rapiñan restos de vida en los márgenes del campo de batalla, conmovedores basureros de salvaciones irrisorias, cada uno con su ideíta artificial... City (Cap. 22)
En otra vida, seremos honestos. Seremos capaces de callar. City (Cap. 22)
...cualquier río, no importa dónde esté ni cuál sea su longitud, todos los ríos, todos y cada uno de los ríos, antes de llegar al mar hacen exactamente un recorrido tres veces más largo que el que harían si fueran en línea recta [...] como si fuera algo obligado, una especie de regla para todos, es algo increíble, una locura, [...] descubrieron que no están locos, es su propia naturaleza de ríos la que los obliga a ese vagabundeo continuo, e incluso exacto [...] lo cual, pensé, es muy chulo, porque, pensé, si hay una regla para ellos, cómo no la va a haber para nosotros, o sea, lo mínimo que puede esperarse es que para nosotros sea más o menos lo mismo, y que todo este deambular arriba y abajo, como si estuviéramos locos, o peor aún, perdidos, es nuestra manera de ir directos, [...] una secuencia desordenada de errores, o replanteamientos, pero sólo en apariencia, porque en realidad es simplemene nuestra manera de ir a donde tenemos que ir... City (Cap. 23) [1]
Phil Wittacher sonríe.
-- No es un duelo, la vida -- dice.
Melissa Dolphin abre los ojos completamente.
-- Pues claro que lo es, idiota. City (Cap. 35)
Pero la gente fallaba tan a menudo en la concordancia, cuando estaba colocado después, que el legislador gramatical convirtió la falta en regla. Ya está. Así son las cosas. Las lenguas evolucionan movidas por la pereza. Sí, sí, "deplorable". La felicidad de los ogros (Cap. 22) [2]
Los niños son gilipollas. Como los ángeles. La felicidad de los ogros. (Cap. 23)
En Colombia, al amar le llaman "comer". La felicidad de los ogros. (Cap. 23)
Oigo la risa de Julia: "Nunca tendrás nada tuyo, Benjamin Malaussène, ni siquiera tus cóleras". Luego, con la noche un poco más avanzada: "Y ahora también yo te quiero. Como portaaviones, Benjamin. ¿Quieres ser mi portaaviones? De vez en cuando aterrizaré para llenar el depósito de los sentidos". Aterriza, hermosa, y despega tan a menudo como quieras; yo mientras, navego por tus aguas. La felicidad de los ogros. (Cap. 24)
[1] El libro, en particular, luego matiza que la razón entre el recorrido de los ríos y la distancia mínima es, en realidad, π. Aún no lo he buscado para ver si es así, pero me parece curioso.
[2] Esta cita especialmente dedicada a Efe, por sus continuas quejas sobre el mesetarismo y nuestros cosismos.

5 comentarios:
¡Qué citas más guays! Me gusta sobre todo la de la vida y la de la locura.
Ñañañaaña, mesetaria. Y sí, precisamente iba a decir que en realidad el número es &pi, lo que significa que puedes despezadar el río en trozos de circunferencias. Lo vi hace años en alguna parte.
Menudas citas tan largas. No vale pillar citas de media página, estás pirada.
De los dos libros, aunque me reí mucho con City hace mil años, creo que me quedo con el de Pennac. Es menos lírico, menos disparatado (más o menos) pero emociona más.
Speedy, es que los dos libros son muy guays. Me alegro, en cualquier caso, de que te guste la selección.
Efe, ¿y no lo verías en City y asumiste que es verdad? Tengo que comprobarlo... ¡¡Pero no empíricamente!! Y sí, hay citas largas porque las ideas que transmiten no se expresan en tres palabras. También las hay cortas.
Estoy de acuerdo con lo del libro de Pennac. Pero ya lo he dicho ahí arriba. Me lees en diagonal.
Me encanta esto de trincar citas. Ojalá lo hubiera empezado a hacer yo antes, que me he saltado a todo Asimov y a mucho Julio Verne... cosas que probablemente no releeré por falta de tiempo, y que se quedarán sin anotar.
Soy un poco friki, ¿no?
Un abrazo.
Micro, a mí me pasa igual. Ahora me encantaría releer tantas cosas para coger citas. Pero de eso también se aprende... A llevar siempre un cuadernito contigo!!!
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