miércoles, 11 de agosto de 2010

Citas (de las otras)

Ejem. A raíz del post anterior, la malvada mente preclara entendió mal el título y asumió que se trataba del OTRO tipo de citas. Vamos, de las "citas-citas", de las de ligar.

Eso me hizo pensar en mi historial. Y estas son las conclusiones:

Primera primera cita - 13 años

Lugar: Centro Comercial M2 - La Vaguada
Hora: 11h
Plan: Cine
Desarrollo:

Yo tenía 13 años y él 14. Nos conocimos en un curso de verano. Un chaval de mi ruta me preguntó un día que qué opinaba yo de Raúl. Yo le contesté que como jugador valía, pero que de guapo nada. Supongo que se debió de quedar flipando porque él no se refería al futbolista.

En fin, el caso es que la semana siguiente me explicó que se refería a su amigo y que si a mí me gustaba. Y bueno, no es que me gustara mucho, pero tampoco me caía mal. Y tenía 13 años. Quería gustarle a alguien, quería que me besaran, quería ser mayor. Así que, le dije que bueno, que sí.

Y quedamos. En la Vaguada. Para una sesión matinal de "Un loco a domicilio". Que dicho sea de paso, era un plan de lo más naïve.

Yo lo tenía todo planeado en mi cabeza. Me diría que estaba guapa. Nos tomaríamos algo en algún sitio. Nos reiríamos. Compraríamos las entradas y palomitas y nos meteríamos a ver la peli. Y en algún momento me besaría (¡¡¡mi primer beso!!!) y sería perfecto, de película. Se me aceleraría el corazón y él lo notaría al poner la mano sobre mi clavícula/pecho. Y me susurraría muy bajito: "Tranquila. No te voy a hacer daño" y me volvería a besar. Y me cogería de la mano y todo sería chachi.

¡¡MEEC!! Error. Fallo en los circuitos. Esas cosas NO pasan nunca como se pensaron.

Para empezar, quedamos a las 11 pero no apareció por allí hasta casi las 12. Ajá. Y eso que venía de allí al lado, de Ventilla. Entramos a ver la peli. Y teníamos palomitas, eso sí. Y mientras las comía, me preguntó si siempre las comía TAN despacio (no, no me las como a puñados; nunca; ni de pequeña). Sí que hubo algún beso, claro. Y no estuvo tan mal. Especialmente teniendo en cuenta que no creo que él tuviera mucha más experiencia que yo.

¿En qué quedó la cosa? Pues en poco más. No volvimos a tener más citas; al fin y al cabo nos veíamos todos los días. Y cuando acabó el cursillo, c'est fini. Nunca más se supo. Ni recuerdo su apellido...

Segunda primera cita - 18 años

Lugar: Cines Acteón
Hora: 19h
Plan: Cine
Desarrollo:

Antes de nada aclarar. No hay más citas entre la primera a los 13 y la segunda a los 18 por varios motivos:
1) Soy rara. Desde siempre. Lo que me hace poco propensa al ligoteo.
2) Ligaba más en verano. Ahora ni siquiera.
3) Ligar en un campamento de verano (mi coto de caza particular entre los 13 y los 18) no exige ni citas ni nada.

Hecha la aclaración, pasemos a la historieta.

Primero de carrera. Ambiente nuevo. Gente nueva. Primeros amigos raros (para escoger física ya hay que ser un poco raro). Por primera vez en mi vida, mi radar me dijo que uno de esos nuevos amigos sentía algo por mí.

No es que a mí me gustara mucho, pero me caía muy bien. Aún lo hace, la verdad (aunque nos veamos poquito). Y quise darle una oportunidad a la cosa. No tanto por él, sino por mí; por darme a mí la oportunidad de aprender qué era eso de estar con alguien, de ser una mitad.

Organizamos una quedada: él, otra amiga y yo.

De nuevo, un plan inocente: ver una peli (en este caso, no me acuerdo, la verdad; mucho caso no le hice, no). Y allí estábamos sentados: ella, él y yo.

Empezó la peli y sé que me aburría porque me puse a juguetear con su pantalón. Bueno, con él. Me dediqué a rasguear con las uñas sobre el vaquero muy suavemente. Él hacía como que no pasaba nada hasta que empezó a jugar conmigo, a intentar atraparme la mano cuando yo le hacía cosquillas.

Y me acabé dejando atrapar. Y nos pasamos cogidos de la mano todo el resto de la película

Al salir nos soltamos como si nada hubiera pasado, acompañamos a nuestra amiga a su bus y nos fuimos nosotros al metro. Y en las escaleras mecánicas me puse un escalón más arriba que él para estar cara a cara (sí, soy bajita y él alto; hay que ayudarse con lo que sea). Y le besé. Sí, yo a él.

Al dejarme en Avenida de América en el andén de la línea 4, me dijo que me quería. Así, sin anestesia. Y yo me arrepentí de todo.

Aún así, estuvimos casi cuatro meses juntos. Quedábamos, nos escapábamos después de clase por ahí, hubo primeras veces (aunque no LA primera vez) y cuando yo me di cuenta de que no le quería, no le iba a querer nunca y que le iba a acabar haciendo daño, corté con él. Y me alejé todo lo posible para no herirle más aún.

Nunca frinkamos (no por mi culpa, que conste). Y él me lo recuerda de vez en cuando. Y dice que deberíamos algún día, para quitarnos el gusanillo; que yo fui mejor primera chica de lo que pudiera haber soñado. Si puede, cuando me ve, me da un pico, simplemente por jugar. Y pese a lo mucho que yo me alejé, seguimos siendo amigos. Y eso mola mucho. Pero mucho, mucho.

Tercera primera cita - 22 años

Lugar: Plaza de España
Hora: 22h
Plan: Tomar algo
Desarrollo:

Nos conocimos en un curso de verano en El Escorial. Uno de relatividad que dirigía un profe de la Complu que le había dirigido durante una beca de colaboración. Él vivía entonces en Valencia y ya he hablado de él.

No voy a entrar en mucho más detalle sobre lo que fuimos y lo que no. Pero sí de la cita.

Para empezar, NO era una cita. Se suponía que él había organizado una quedada con el grupete que se había formado en el curso. Pero al llegar allí, sólo estaba yo. Y él 10 minutos más tarde. Vamos, que era una encerrona. Aún así, quise pensar bien. Y al fin y al cabo me daba un poco igual. Me decía:

-- Si pasa algo, qué más da. Al fin y al cabo él se pira en un par de semanas y punto. Diviértete por una vez en tu vida.

Nos fuimos a tomar algo a un bareto: coca light para mí, whisky-cola para él. Y luego a otro bar. De camino al tercer bar, un "RR.PP." de los que reparten flyers se puso a darnos coba para que fuéramos a su garito. Y fuimos. Nos tomamos otra. Y al salir, nos volvimos a cruzar con él y le dijo:

-- A esa chica no la dejes escapar. No se encuentran así a menudo.

Y como respuesta, él me cogió de la cintura. Y yo estaba feliz. Salir, bailar, pasear por Madrid en una noche fresca de agosto, sólo con eso, ya soy feliz. Así que me dejé coger.

No sé qué hora era cuando recogimos el coche del parking (hacia la una, quizás; cuando cerraban) y yo me ofrecí a llevarle a su casa. Cerca de ciudad universitaria, me dijo que parara, que charláramos un poquito y nos besamos. Yo no me ando con chiquitas y después de un rato de estar incómoda, le pregunté si me hacía un huequito y me senté a horcajadas encima de él. No pasamos de ahí, al menos no entonces.

El resto de la historia fue lo que fue. Y punto.

Cuarta primera cita - 25 años

Lugar: Centro Comercial Meridiano
Hora: 22h
Plan: Cine
Desarrollo:

Nos conocimos en la inauguración de la casa de unos amigos. Mi radar me decía, por segunda vez en mi vida, que a aquel chico, yo le hacía tilín. Hablamos de todo, de ajedrez, de ciencia, de libros... Tres, cuatro horas charlando. Muy guay.

Cruzamos un par de mensajitos tonteando. Y luego, nada.

Pasaron 4-5 meses hasta que volvió a empezar a tontear conmigo a través de Facebook. Y ahí, ya sí, decidí darle pie a que hiciera algo más. Le pregunté, directamente, si no había tonteado conmigo y que qué había pasado. Que me había sorprendido mucho que no hubiera más mensajitos y si había dicho algo erróneo.

Me dijo que sí, que había tonteado y que yo le gustaba mucho. Pero que no sabía si él a mí también.

La verdad es que yo no lo sabía. Al principio sí que me había parecido un tío interesante. Pero a esas alturas tenía la cabeza hecha un lío con un tío con el que creía que no iba a pasar nada (y con el que, de hecho, no pasó) y no estaba segura. Y se lo dije. No le hablé del otro tipo, pero sí que le dije que no estaba segura.

Y él me propuso una cita para ver qué pasaba.

Inciso:

A estas alturas él me había dicho ya que era virgen. No por nada en particular sino porque no había encontrado a la chica, o eso decía. La verdad es que a mí me sorprendía, porque él tenía 24 años, es alto, con buena facha, simpático e inteligente. Vale que es algo tímido, pero no creo que lo suficiente como para explicar su nula experiencia sexual. Especialmente dado que le habían propuesto un par de veces sexo casual sin compromiso (o eso me dijo; igual mentía, no lo sé).

Lo que no sabía entonces es que ni siquiera había besado nunca a una chica.

Fin del inciso.

El plan era sencillo. Cine y cenita. Y fin. Y después de la cena, el cuerpo no me pedía más. Tenía la sensación de que aquello no había por donde cogerlo, que no había química, ni feeling, ni nada. Pero la verdad es que la conversación molaba y nos fuimos a dar un paseo por Santa Cruz. En un semáforo de la Avenida de Anaga, me dije:

-- ¡Qué diablos! Bésale, a ver si así surge la química.

Y lo hice. Hubo algo. Un tímido cohete, quizás, en lugar de los fuegos artificiales esperados. Y me dije que se acabó. Que aquello no era para mí. Que no y que no. No se lo dije, pero tampoco le di pie a más, la verdad.

Pero me llamó. Y me llamó más veces. Y me pidió una segunda cita. Y me sentí mal por pensar en decirle que no. Así que quedamos una segunda vez y otro ¡qué diablos! por mi parte acabó con él en mi casa.

Fundido a negro.

Lo intenté. De veras que lo intenté. Pero me cansé a los tres-cuatro meses de intentarlo.

Ahora somos cordiales. Creo que él no me ha perdonado no haberme enamorado de él. Y al igual que con la segunda primera cita, sé que podría haber seguido con él un tiempo indefinido sin más ni más. Pero no es eso lo que quiero. Y no querría que nadie estuviera conmigo así, la verdad.

Quinta primera cita (?) - 26 años (casi 27, de hecho)

Lugar: Aeropuerto de SU ciudad
Hora: 16h
Plan: Ejhem... Esto... Cof, cof, frinkar, cof, cof
Desarrollo:

La interrogación viene a que no sé si esto se considera realmente una cita. Pero ea. Aceptemos barco como animal acuático y sigamos.

Creo que lo he puesto aquí pero no estoy segura. En enero me rompí el peroné patinando sobre hielo (y aún me duele, siete meses después, oh yeah). Así que, en lugar de volver a Tenerife, donde, viviendo sola no hubiese podido sobrevivir, me quedé en Madrid de baja. Y como currar con la pierna así, pues más bien poco, me dediqué a navegar por los procelosos mares de la blogosfera.

Ejem. Una cosa llevó a la otra y acabé con cuenta abierta en el msn [1] y chateando con Mr. Calcetines de rayas. En realidad, primero hubo un mail por mi parte. Que fue seguido de un hermoso cruce de mails con frases como:

Mi intuición me dice que meterte en el msn sólo me traerá problemas [...] Problemas... ¿Quién no los necesita?
A mí me gusta lo que leo. Me divierte. Me da ganas de más. Es el tipo de conversación (o monólogo) que en el cara a cara me ganaría por completo.

Ainss, que me acabo de quedar medio tonta revisando los mails. 

Luego pasamos al tonteo por chat. Y la cosa se volvió menos naïve; seguramente por la seguridad que da la pantalla y el teclado. Y me echó la bronca por no haber contactado antes para que hubiera podido venir a secuestrarme en Semana Santa. Y me vi cayendo por esa pendiente que es que te guste alguien a quien ni siquiera has olido. Y no me importó lo más mínimo.

Hasta me propuso que fuera. Casi lo exigió, de hecho. Propuso que en lugar de ir directamente a Tenerife con el alta bajo el brazo, que lo hiciera desde su ciudad. Me negué, pero busqué un vuelo para el siguiente fin de semana. Para verle. Para no arrepentirme de haberlo dejado escapar por miedo.

Y por fin hemos llegado a la cita.

Así que allí estaba yo. En un aeropuerto de otra ciudad, con una mochila con algo de ropa, brownies y toda la ilusión del mundo; volviéndome a sentir como en la primera primera cita: llena de expectativas e imágenes mentales de como sería eso de olerle por fin.

¡¡¡MEEEECC!!! Error. ¿No habíamos quedado ya que nunca hay que tener expectativas? ¿Es que no hemos aprendido nada del cuento de la lechera?

Decía que estaba en el aeropuerto, buscándole a él y él no estaba allí. Nervios, sensación de abandono, dudas, pánico... Móvil. Llamada:

-- Estoy llegando. Sal fuera y te recojo con el coche.

Y cuando apareció, puff, adiós dudas. Allí estaba. Y sonreía. Y nos besamos. Y lo demás es ya historia.



Conclusión general: las primeras citas no son lo mío. Soy una nulidad. E inexperta. Y torpe: me paso siempre de vueltas y no aprendo.

[1] No, no tenía cuenta del msn hasta lo de mi pierna. ¿Por qué? Porque en el 97 fui un verano a Augusta (Maine) y me abrí una cuenta en AOL. Al volver quise mantener el contacto con la gente a través del AOL Instant Messenger (precursor del msn) pero ni internet funcionaba demasiado bien aquí por aquella época (con un módem patata de aquellos, tener una conversación era un suplicio), ni el software funcionaba demasiado bien fuera de la red de AOL, ni la conexión era suficientemente barata como para que una adolescente se tirara horas chateando. Resultado: me negué a usar el msn. Hasta que las circunstancias me abocaron a ello.

5 comentarios:

Speedygirl dijo...

Puuuuuuuuuuuuffffff, las primeras citas... 90% de posibilidades de que salgan mal. Por lo menos, algunas de las que salen mal se arreglan a la segunda...

Inés dijo...

Y si estoy yo en ellas, ell porcentaje de horror supera ampliamente el 99%. Seguro. Aunque no tenga una muestra estadísticamente significativa, yo lo sé.

Microalgo dijo...

Uh.

Si yo me pusiera a hacer arqueología...

Inés dijo...

Pues Micro, te animaría a hacerla. A mí me ha servido para reflexionar mucho acerca de cómo enfoco las relaciones. Y de por donde meto la pata continuamente...

Para empezar, liándome con tíos que no me interesan, sólo por el placer de saberse querido. Y eso es malo. Mucho.

Si ya decía yo que esto es como un psicólogo sin psicólogo :P

Microalgo dijo...

Yo ya prefiero no meter la pala en ese camposanto, Dama Inés.

Decía María José Hernández que el recuerdo es un campo minado, de hecho.