lunes, 20 de septiembre de 2010

Juegos infantiles

Yo he estado en tres colegios. Del primero, nos sacaron mis padres a la velocidad de la luz después de que me dieran un bofetón por enseñarle a un compañero de clase el ombligo (aclaración: tenía cuatro años). La verdad es que no recuerdo apenas nada de aquello.

En el segundo estuve desde esos cuatro añitos hasta los ocho (desde preescolar hasta 3ºEGB). Nos cambiamos porque el director nos llamó mentirosos a mi hermano y a mí, pero eso es otra historia. El tercero fue en el que estuve hasta COU (sí, era colegio privado; podéis llamarme pija, no es que me importe).

Bien, el caso es que en el primer cole jugábamos a la comba, a la goma, al pilla-pilla, etc. También jugaba al fútbol con los chicos de la clase de mi hermano (mientras los de mi clase hacían catequesis) y hubo una época en la que me pasaba los recreos leyendo libros de Enid Blyton (sí, 7-8 años; también podéis llamarme empollona).

Pero claro, al llegar al nuevo colegio, los juegos eran distintos. Para empezar, se pasaban el puñetero día cantando Una rosa es una rosa de Mecano. Y yo no me la sabía. Pero claro, sí que me sabía toooodas las canciones de Xuxa (es lo que oía de camino al ballet; no sé cómo mi padre no me mató, en fin) y, por supuesto, Onda Vaselina (sí, y aquel Qué triste es el primer adiós; si queréis regresar a los ochenta, dadle a los enlaces, ea; a ver quién es el guapo que se atreve y no acaba canturreando, ¿eh? ¿eh?). Además allí todos hacían el pino y yo no sabía (tardé dos meses y me abrí las muñecas, pero aprendí, vaya que sí; ¿cabezota yo? ¡Qué va! Lo siguiente).

Bueno, toda esta introducción venía a que al cambiar de colegio, los juegos eran distintos. Y tuve que aprender a jugar a "Pi" (un escondite donde en lugar de decir "por mí" o "por mí y todos mis compañeros" decías "pi yo" o, si te pillaban, "pi-nombre") [1]. Y al rescate, claro. Que es lo que me ha traído hoy aquí.

Rescate es un pilla-pilla por equipos (típicamente chicos contra chicas). La idea es que si te pillan, tienes que ir a la cárcel (mejor dicho, te tienen que llevar a la cárcel) y ahí hacer una cadena para que:
a) venga alguien de tu equipo y rescate a todos los pillados (de ahí el nombre), o
b) consigas pegarle un pisotón a alguien del equipo contrario y quedar entonces libres.

Sólo cambian los roles cuando todos los miembros del equipo están en la cárcel.

Bien, a mí me enseñaron las reglas y entre que soy vaga por naturaleza [2] y que había un fallo gordo en las reglas, adopté una forma de jugar peculiar. Empezaba jugando normal (aunque tenía más tendencia a esconderme más que a correr como una loca). Y cuando me pillaban, me iba a la cárcel siendo una niña buena. La cuestión venía cuando alguien nos salvaba... En ese caso, solía haber un follón de gente corriendo para todos lados sin control y nadie tenía muy claro quien estaba salvado y quién no. Así que, en un momento de despiste, yo me ponía en la cárcel (sin estar pillada, obviamente) y a medida que se iba uniendo gente, les susurraba:

- ¡Eh! Que yo estoy salvada. Tú también.

El resultado era que cuando éramos unos cuantos, salíamos todos en desbandada y el equipo contrario no acababa de enterarse de por qué.

Tardaron más de dos meses en enterarse qué pasaba. Y desde entonces, se convirtió en una táctica que se fue imitando por otros cursos. Tenía un remedio clásico y fácil, que los "vigilantes de la cárcel" cogieran cada pocos minutos a todos los de la cárcel para asegurarse de que realmente estaban "pillados". Eso suponía más riesgos de un pisotón, pero era el precio que había que pagar.

¿En qué me convierte esto? En repelente. Tramposa no porque trampas no hacía, eso está claro. Pero, desde luego, no me convirtió en la persona más popular de la clase. Ejem. Alguien me debería haber enseñado que hay veces que es mejor no destacar. Y menos aún de semejante forma.

[1] Os podéis imaginar qué pasó cuando en inglés nos enseñaron la palabra penis. Pi-ines suena muy similar a penis. Sí. Ejem. 9-10 años. Sí. Esto no ayudó a mi integración. No.

[2] Creo que ya lo he contado, pero, para demostrar mi vaguería innata contaré brevemente una anécdota. Cuando era un bebé (1 año, quizás, puede que algo más), mis padres me dejaban en una mantita en el suelo, con los juguetes. ¿Qué hacía yo cuando los juguetes estaban lejos? ¿Gatear? ¿Llorar? No y no. Tiraba de la mantita para hacer que el juguete llegara hasta mí, y no al revés.
Cuando mis padres preocupados de que me pudiese pasar algo por no gatear (padres paranoicos, sí) le preguntaron al pediatra, éste les dijo:

- No, la niña no tiene nada. Sólo que es vaga. Y lista. Si ponéis los juguetes fuera de la manta, se levanta. Hasta que encuentre una alternativa de mínimo esfuerzo.

Y así, hasta hoy. Y así le va a mi trasero, claro.

6 comentarios:

Efe dijo...

Ah, mira, a mí me pasó algo similar de pequeño. Me llevaron a varios médicos porque no andaba ni para qué. Tras muchas idas y venidas, plantillas, remedios y demás, un señor acabó dando con la solución: no andaba porque me daba pereza...

PS: Los juegos en mi colegio de caracterizaban por los golpes. Jugábamos a uno similar al del pisotón, pero como valía cualquier contacto lo que hacíamos es dar patadas. Gente corriendo y patadas: ¡un espectáculo!

Inés dijo...

Menos mal que la pereza no es contagiosa. ¿O sí? Esto...

Y sí, lo de las patadas es peor que lo del pisotón. Pero es que no he hablado de los "juegos" violentos como "el bollo". Y casi que me lo voy a ahorrar, la verdad.

Microalgo dijo...

Ese juego, (el de pillar) en Cádiz se llamaba el "contra". Nunca me dio por preguntar por qué se llamaba así... de hecho supongo que nadie lo sabía. Hasta que el padre de mi amigo Rímini, que es un señor de noventa y pico años, le contó que él también había jugado a eso de pequeño. Pero que en sus tiempos se llamaba CONTRAbandistas y carabineros. Ya saben que los enanos lo apocopamos todo.

Inés dijo...

Los juegos tienen nombres totalmente distintos según el sitio. Por eso he descrito el juego en lugar de llamarlo directamente "rescate". Lo que, por otro lado, Micro, da idea de quiénes se suponían que eran los buenos en mi versión: los prisioneros, a los que había que rescatar. Ejem. :P

Speedygirl dijo...

Hombre, muy repelente no pensarían que eras si al final acabo haciéndolo todo el mundo... mi pregunta es: con lo malperdedores que suelen ser los niños, ¿se creian que no estabas pillada cuando se lo decías? ¿No creían que te lo habías inventado?

Inés dijo...

Speedy, usaban la técnica porque era útil. Pero hasta que la averiguaron, tardaron, vaya si tardaron. Y hasta entonces, no les gustó perder taaaantas veces seguidas. Y el rencor guardado lo demostraron, pero bien, cuando averiguaron de quién había sido culpa.

Y no, claro, que no te creían. Pero tampoco podían demostrarlo (porque era cierto que no estaba pillada). Y si estábamos en gimnasia, por ejemplo, el profe sí que lo sabía. Así que, acumulaban aún más rencor.