viernes, 17 de septiembre de 2010

Tres anécdotas

Cuando tenía 11 años (6ºEGB) me junté con unas niñas que fumaban. ¿Por qué? Ni idea, porque ya entonces odiaba el humo. Seguramente porque me hacía sentir mayor. [Sí, esto entra dentro de la categoría "Yo pava" de las chicas de QaD]

El caso es que un día nos metimos en uno de los baños del colegio y se pusieron a fumar. Una cosa llevó a la otra y una de ellas empezó a jugar con el papel higiénico y el mechero. Les dije que no era buena idea, la verdad. Pero tampoco les dije que pararan, todo hay que decirlo.

¿Qué pasó? Lo obvio: el papel comenzó a arder. Lo cogí y lo eché al váter y tiré de la cadena rápidamente para apagarlo pero era la época de sequía y las cisternas estaban capadas para echar poca agua.

Tiré, tiré y tiré y aquello seguía ardiendo. Así que lo tapé y seguí tirando hasta que se apagó. Ellas se fueron y yo levanté la tapa y me encontré con que la tapa estaba de un hermoso color churruscado. Era el final del recreo, así que me marché a clase con la idea de limpiarlo después como fuera (pensaba que no se había quemado, sólo ahumado). Pero... (siempre hay un "pero") a mitad de la hora siguiente de clase, alguien me dijo: "¡¡¡Han quedamo un baño!!! Han sido M. C. y R. C. Las van a llevar al director." [1] No sé cómo se habían enterado tan pronto.

Pensé en ir a hablar con mi tutora y decirle que yo también estaba allí y que todo había sido un accidente. Pero lo cierto es que no lo hice. Y sí, todavía hoy me siento fatal tanto por haber estado allí como por no haber asumido mi responsabilidad. Hay pocas cosas que me hagan sentir como una mala persona: ésta es una de ellas.

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Por mi decimo-sexto cumpleaños decidí invitar a mis compañeros de colegio a copas en el bar al que íbamos siempre. De hecho, era el bar al que yo iba siempre; cuando ellos iban a otros sitios, yo pasaba (Pachá, icks!). Además, que como era final de curso, pues oye, era buena época.

Allí estábamos y un camarero mono y nuevo me estuvo tratando bien toda la noche. Me invitaba a chupitos (que yo repartía por ahí), tonteaba, etc. Así que, cuando me pidió el teléfono, yo le dije que sí y se lo di. Claro que entonces no tenía móvil, así que le di el de casa. Me dijo que me llamaría, claro, para quedar. Y que él trabajaba normalmente en otro bar (del que me dio nombre y ubicación aproximada), pero que su amigo le había pedido que le sustituyera.

Pasó una semana. Pasaron dos.

¿Y qué hice? Pues me arreglé un viernes y solita me fui a buscar el otro bar que me había dicho. Y que no encontré (y nunca he encontrado). Me recorrí entera la calle que me había dicho tres veces (y no es precisamente corta).

Tres horas después, desesperada, cansada y tristona, me volví a casa. No volví a verlo. No me arrepiento de haber intentado encontrarle, pero no he vuelto a dar mi número en un bar. Y lo cierto es que cada vez que paso por ahí, me acuerdo de ése viernes y lo estúpida que he llegado a ser.

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Con catorce años, en un campamento de verano, me enrollé (o lo que a los 14 años se llamaba enrollarse) una noche con un chico. No era el tipo de tio que me gustaba y además fumaba. Mientras nos besábamos, lo único que podía pensar era lo mal que sabía. Así que, cuando al final de la noche me dijo que mejor era no seguir el resto del campamento, tampoco me importó. Aunque algo lloré, no tengo muy claro por qué, pero bah, eso no es la historia.

A los tres días, su compañero de habitación (A.) que era el hermano de mi compañera de habitación (P.), me dijo que le gustaba. Y oye, a mí me gustaba también. Tenía 16 años, era moreno, alto y me hacía reír bastante. Esa noche teníamos paseo al pueblo de al lado y él me cogió de la mano a la vuelta. Y ahí empezó.

No estábamos juntos en las clases ni nada. Sólo estábamos juntos en los períodos de tiempo libre. Y solía haber más gente con nosotros, así que, aunque había besos y mimos, tampoco era nada del otro mundo.

Una noche, nos escapamos varias de la planta de las chicas y bajamos a la de los chicos. Y allí estaba yo en la cama de A.; yo en pijamita y él en slips. Pero no estábamos solos, o no sé qué hubiese pasado (bueno, sí lo sé, pero la cuestión es que no pasó). Como yo estaba entre A. y la pared, cuando vino un monitor a controlar que no hubiera visitas indebidas, ni me vio. Y podría haber pasado toda la noche allí, pero al final me marché. ¿Qué dice esto de mí? Pues no lo sé. Como el campamento duraba dos semanas, la segunda semana también había paseíto al pueblo de al lado. Me puse un vestidito ajeno. ¡Sin sujetador! Y cuando estuvimos a solas, en un trocito de playa, nos magreamos un poco. Ejem.

El caso es que al día siguiente, mientras leía algo de CF (de hecho, releía "El juego de Ender") a la hora de la siesta, una monitora me cogió por banda y me dijo: "¿No te agobia que te puedan llamar fresca?". Así, sin introducción ni nada. Aunque al principio me costó pillarlo (¿fresca por estar leyendo en la escalera?) me di cuenta de que algo debía de haber oído en la habitación de A. [2] y que ella estaba escandalizada. Mi respuesta, obviamente, fue: "No. Me da igual lo que digan. No he hecho nada indebido y me da igual lo que piensen los demás."

Me parece que fue una respuesta sorprendentemente madura para mis catorce añitos frente a los veintimuchos-treinta-y-pocos de la monitora. Más de diez años después, sigo pensando lo mismo. Me da exactamente igual qué piense la gente mientras no haga daño a nadie y esté feliz. Y creo que aquella monitora era una chunga de narices, la verdad.

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Conclusión: He sido mala persona e irresponsable; ingenua e idiota; madura y fresca. Si se añade mi locura actual, no sé en qué lugar me deja.

[1] Esto fue una exageración. No las llevaron a ver al director ni nada. Ni siquiera las castigaron (lo cierto es que no lo podían probar). Y habían asumido que eran ellas sólo porque eran las que fumaban (a escondidas, pero esas cosas se saben).

[2] Nunca se lo pregunté. Pero supongo que sí. Igual era la primera vez que exploraba debajo de la ropa, no lo sé. Y me da igual.

4 comentarios:

Efe dijo...

¡Porno!

Inés dijo...

Efe, ¿que me estás pidiendo material? ¿Así? ¿Sin anestesia? Puedes ir a los archivos, hay un post erotico-festivo. Pero hay cosas mucho más jugosas (y explícitas) por la red.

Si lo que estás haciendo es quejarte por lo subidito de tono de palabras como "enrollarse" o "magreandose", te veo muy faltito de estímulo. Te aguantas.

¿Cómo es la frase? ¡Ah, sí! Es mi blog y me lo follo cuando quiero.

Microalgo dijo...

El que no haya jugado nunca a los médicos de chico que levante el pubis.

Si no lo ha hecho nunca, que se meta a político. La mayoría de los actuales tienen cara de no haberlo catado a tiempo, y se les nota.

Inés dijo...

Mmm, Micro, esto NO era exactamente jugar a los médicos. Y no éramos tan chicos (¿he dicho que él tenía 16 años?). Éramos adolescentes haciendo lo que todos los adolescentes deberían hacer.