¿Qué hago aquí? Si no la conozco. Y sigo pensando... No, no y no. Nada de pensar.
¿Y ahora el idiota este pide la cuenta? ¿Está ciego?
Mierda. Creo que el chico que dibuja me ha visto. Y se va espantado. Joder. Y yo pensando que... No. No era por mí. Le gustará este sitio. Y punto.
¿Ella también? Pero, ¿adónde vais? ¿No os dais cuenta? Helena me va a matar si se entera de que no hice nada. Pues chaval, hoy tu cuenta lleva un regalito. Benedetti es lo que te hace falta. ¿Y a ti? ¡Claro! ¡Aquí está!
los débiles de veras
nunca se rinden
¿Y esto? Es un dibujo. De mí. ¿Pero...?
Esto no es mi cuenta.
¿Hay algo más detrás?
"Susurra tu nombre mientras espera a que llegues. Y sus manos no pueden evitar dibujarte." Pero, ¿qué? ¿Mi nombre?
no más rodeos
prefiere que la besen
a quemarropa
Ahmed los mira mientras ellos leen incrédulos. Y les ve levantar la mirada. Ella se quita las gafas de sol y amaga una sonrisa. Él ya se ha levantado y con las prisas, se ha tirado el café encima. Ríen al unísono. Y Ahmed ya sabe que sí, que ha conseguido escribir el cuento para ella. Quizás no tenga un final feliz, pero tiene un principio.

5 comentarios:
Si hubiera sido un relato escrito por un alemán, todos habrían acabado muertos. Incluyendo algunso extras que pasaran por allá.
Claro. Pero si a Ahmed no le sale más que escribir novela negra, a mí me salió escribir un cuento de hadas.
:P
Y me parece muy bien, que para finales chungos ya está el telediario.
Un besote.
Inésssss, acabo de leer el relato y es precioso :)))) Tienes talento chica, me gusta cómo escribes. Sigue así!
Un beso!
Alena, me alegro de que te gustara. El desenlace sigue sin acabar de convencerme, pero bueno, fue como salió y punto.
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