sábado, 22 de enero de 2011

Domingos. El helecho.

El helecho fue comprado un domingo en un mercadillo. Él y ella parecían tan enamorados. También compraron una maceta nueva, lisa, sin barnizar, que él decoró con sus dibujos. Y fue de las primeras cosas en vivir en aquella casa casi vacía, con cajas por todos lados.

El helecho fue testigo de los cambios. Un domingo, mano a mano y entre risas, pintaron dos paredes del salón de amarillo. Y la siguiente semana, fue una pared del dormitorio la que se volvió violeta.

Vio abrir cajas, montar estanterías, llenarlas de libros. Los vio sonreír juntos, abrazados, en el sofá.

Vio exactamente 524 amaneceres de felicidad.

Los vio discutir. Dejar de sonreír. Vio como cada día se sentaban más lejos el uno del otro en el sofá.

Ella empezó a sonreír cuando estaba sola en el ordenador. Cuando recibía un mensaje al móvil. Él cada día hablaba más con las plantas y menos con ella. Ya no le hacía dibujos para que ella los encontrara por la casa.

El helecho presenció el final. Volvieron las cajas, se vaciaron las estanterías, se llenaron maletas.

Vio 127 amaneceres más hasta que un domingo se dijeron el último adiós. Ella no estaba sola y su nuevo novio no quería ver la maceta que él había dibujado, así que acordaron que lo mejor sería que se quedara él con el helecho.

Salió de aquella casa en sus brazos, igual que había llegado a ella hacía casi dos años. Deambularon por la ciudad, sin rumbo, perdidos. Hasta que llegó a aquella plaza soleada, se sentó en aquella mesa y pidió un café.

Y se olvidó de él.

Ahora era Ahmed el que le cuidaba. Era una casa más pequeña y había menos luz. Pero le trataban bien. Y al helecho le gustaba la felicidad que se respiraba allí. Ahmed, su esposa Helena y el bebé. Era su hábitat.

8 comentarios:

Efe dijo...

Oh, muy mono. Acabo de recordar ese clásico instantáneo de la comedia trágica, 500 days of Summer.

Inés dijo...

Jo, me alegro un montón. Le decía a Zor que tengo los mismos nervios que si me examinara... Y todo por vuestras opiniones.

Me temo que el desenlace de mañana te va a parecer cursi, ñoño y que vas a necesitar una inyección de insulina. Pero igual no, que ya sabemos lo princesa que eres.

Pétalo dijo...

Yo sé como termina, yo sé como termina...!!

Inés dijo...

Jiji. ¡Claro!

En serio, sigo sin estar convencida. Pero bueno...

Biónica dijo...

Nervios por nuestras opiniones? Pues sigue subiendo la calidad... me encantan...

Inés dijo...

Biónica, pues sí, nerviosa. Insegura...

Molinero dijo...

Me ha gustado mucho, ahora sigo leyendo tu blog que lo acabo de descubrir tras un comentario en el blog de Moli.

Inés dijo...

Bienvenido, Molinero. Si te gusta, ya sabes dónde queda este buzón.

PS: Da un poco de vértigo pensar que puedan pasarse por aquí más descerebrados. No estoy a la altura...