jueves, 20 de enero de 2011

Domingos. Él y ella.

Allí estaba. 


Allí estaba.

Se sentó en la terraza, en la mesa en el rincón donde caía el sol. Pidió un té con canela y un croissant.

Le había costado averiguarlo tres semanas. Saber que sólo iba allí los domingos de sol. Y no siempre a la misma hora. Pero no le importaba pasar la mañana entera allí sentado. La posibilidad de verla valía la pena.

Le gustaba su rutina de los domingos. Sentarse a desayunar en aquella terraza.

Y diez euros le había costado sobornar al camarero para que le dijera su nombre. Ahora lo podía paladear al susurrarlo. Ya no era una extraña para él

Era caro, sí, pero era un capricho que se podía permitir. Ahora que ya no gastaba tanto en viajes.

¿Por qué llora?

Idiota. Que va a venir el camarero.

¿Y si me acerco? ¿Y qué hago? ¿Le doy un abrazo? Joder, que va a salir corriendo. ¡Oh! Gafas de sol y un libro. Buena estrategia, sí. Ahora nadie se dará cuenta. Pero me gusta ver sus ojos. Como aquel primer domingo...

¿Por qué me empeño en acordarme? Si él no me quería.

Aquel domingo.

Joder.

Joder.

6 comentarios:

Efe dijo...

Oh, es muy mono. Me siento superidentificado con el camarero, aunque yo habría pedido veinte euros.

Inés dijo...

Tranquilo, el camarero tiene su propio episodio. Y no te va a gustar. O sí. No lo sé.

Mañana me cuentas.

Biónica dijo...

Cómo me gusta. Sabe a té de canela y croissant. Me encanta el recurso, la forma, todo... tienes mucho talento :).

Me ha encantado

Inés dijo...

Oh, gracias, jo. Me da vergüenza ese peazo piropo.

Espero que te guste también el resto de la historia (tres partes más, que se publicarán mañana, pasado y al otro, a la misma hora).

Besos

Microalgo dijo...

El de Cyrano nunca fue mi pecado. Tal vez todo lo contrario.

Citemos:

Una sola línea de William Blake, que nadie en su juicio leerá sin sobresalto, contiene la respuesta: «Quien desea y no actúa engendra la peste» (Antonio Muñoz Molina: Las apariencias).

Puede salir o no salir, la cosa... pero NO TE MUERAS SIN INTENTARLO.

Así de claro, queridísimo mirón mío. Le daremos pie con otra cita, del genial boloñés:

Mademoiselle, dado que por el momento no tengo presente ninguna frase ingeniosa para dirigirme a usted, ¿podría tener la amabilidad de sugerírmela, a fin de evitarnos ambos un largo y embarazoso silencio? (Stefano Benni: Baol).

Por ejemplo.

Inés dijo...

Toda la razón, Micro.

A ver qué opinas del desenlace...

Besos