viernes, 21 de enero de 2011

Domingos. Ahmed.

Ahmed trabaja de camarero en aquella cafetería pija del centro de la ciudad. No está mal. Le pagan bien y puede estudiar a la gente que pasa por allí. Porque él, Ahmed, es escritor.


Está la chica del té con canela.


Todos los domingos de sol, se sienta en la terraza a desayunar. Con un libro. Cuando llueve, aparece temprano, con un paraguas amarillo, y se pide un dulce para llevar.


Siempre sola. Y desde hacía unas semanas, a veces lloraba escondida tras las gafas de sol y el libro.


Pero a Ahmed siempre le sonreía. Y era amable y educada. Y siempre, siempre, dejaba propina.


Ahmed querría escribir un pequeño cuento para ella, donde pudiera ser feliz. Pero sólo le salía escribir novela negra. Por eso se alegró tanto cuando apareció el chico del helecho.


El chico del helecho había aparecido una mañana de domingo hacía varias semanas. Llegó con un helecho entre las manos, se sentó, pidió un café y se puso a garabatear en servilletas. Y lo cierto es que el chaval sabía dibujar. Ahmed había conseguido salvar un dibujo que había hecho de la chica del té con canela. Lo tenía bajo la máquina registradora. Aguardando.


El muy idiota se había tirado no sé cuántos días sentado en aquella terraza mirando la mesita del rincón en la que siempre se sentaba ella. Garabateando rostros que no eran el suyo. Y tardó más de un mes en preguntarle a Ahmed el nombre de aquella chica pequeña que leía en el rincón. 


Bueno, mejor dicho, en sobornarle. Le dio diez euros a cambio de que averiguase su nombre. Pero Ahmed ya lo sabía. Igual que sabía que sólo iba allí los domingos.


Y que los dos eran un par de tontos.


Pero había ganado un helecho, un dibujo y diez euros.

4 comentarios:

Er-Murazor dijo...

La mayor de las sabidurías a menudo viene desde el sitio menos pensado.

Y ya sé que la moraleja del cuento no es esa. Pero yo siempre lo he entendido todo a mi manera.

Inés dijo...

Me parece una forma perfecta de entenderlo. Ahmed, el camarero, no parecía ayer este tipo sabio que se deja sobornar.

Jo. Estoy nerviosa a ver si os gusta el desenlace (el domingo).

Efe dijo...

Está muy muy bien. Y ahora, claro, vas a cerrar con la chica, ¿no?

PS: Eso no es un soborno, es una venta de información perfectamente lícita y moral.

Inés dijo...

Efe, quedan dos partes.

Y no, no es exactamente ninguna sobre la chica...