Llegar a casa, abrir el ordenador y desear fervientemente poder hacer click en tu nombre y decirte hola. Y tener pavor a hacerlo. Joder, no quiero no hablar contigo, pero no me atrevo a hacerlo. ¿Cómo distinguir, como separar el antes y el ahora?
No quiero imponer mi presencia si no la quieres. Así que, casi 24h después, sigo callada. Y acojonada de miedo porque no sé cuánto resistiré este silencio. Pero tampoco sé si tendré el valor de hacer click o marcar tu número y decir... ¿Qué? ¿Qué podría decir? ¿Hola? ¿Te echo de menos? ¿Qué tal?
Quiero que seamos amigos, joder. Igual ahora no puedo yo. O tú no quieres. Algún día [1] quiero que me puedas llamar porque sí. O llamarte si yo he tenido un día de mierda. O esas cosas que se supone que hacen los amigos [2].
No quiero extrañarte a cada segundo. No quiero que seamos extraños.
[1] Pronto. Porfa.
[2] Es que yo soy una amiga rara y descuidada. Y llamo poco. Y aunque me preocupo por la gente, entre que no me gusta hablar por teléfono y siempre siento que estoy interrumpiendo...
sábado, 29 de enero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
Ánimo, ande.
Estoy bastante animada. Tengo sólo momentos plof. Muy plof, es cierto. Pero no pasa nada.
This too shall pass.
Publicar un comentario