Saber que no probaré el colchón nuevo de tu cama. Tumbarme sobre el lado izquierdo al dormir y reconocer que es un vicio adquirido porque así me rodeabas con tus brazos. Ver tu IP en el contador y caer en la cuenta de que es viernes, has llegado y no hemos hablado en el camino.
No quiero llorar. No quiero pensar. No quiero echarte de menos.
Pero estas idioteces cortan como navajas.
Toca seguir. Y espero que dejes de doler algún día.
viernes, 28 de enero de 2011
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2 comentarios:
Algún día deja de doler. Porque todo tiene un final...
Por cierto, ME ENCANTÓ la serie que hiciste el finde pasado, no pude comentar todas las entradas... :(
Lo sé. Todo se pasa. Y salimos más fuertes o más sabios. O al menos, igual.
Y me alegro de que te gustara Domingos. Creo que el final es un poco fallido y apresurado. Igual algún día le doy una vuelta y lo mando a algún concurso de relatos. No sé.
Besos
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