sábado, 30 de mayo de 2009

Días

La vida no se mide por las veces que respiras.
Sino por los momentos que te dejan sin aliento.

Todos los días lo mismo. Levantarse y salir pitando al curro. Allí un ordenador y gris rutina. Modificar esto o aquello. Un pasito hacia delante y dos hacia atrás. El día que consigues algo, parece un logro enorme. El día que no, un peso abrumador te aplasta y te impide respirar. Comer en la cafetería y vuelta al curro. Y más gris. Más rutina. Aguantar. Seguir. Continuar. Más retos. Pocas soluciones. Sentirse estúpida, pequeña e inútil. Intentar superar la montaña de cosas por hacer. Salir del curro ya de noche (o casi) e irte... Casa, clases, lo que sea. Duchita, cena, una serie o un libro y a dormir.

Pero hay días...

Hay días en los que descubres una nueva voz. Una voz que te hace sonreír, que te emociona. Y esa voz te habla a ti, aunque haya más gente. Te descubres en sus palabras, te encuentras en sus textos. Te guía, ayudándote a mirar más lejos, a través del velo gris que lo cubre todo. Y quieres más, claro que quieres más. Lo quieres todo de esa voz que ya te ha dado tanto...

Hay días en los que su mirada furtiva recorre las curvas de tu cuerpo. Él creyéndose inadvertido se recrea; tú, anhelando que fueran sus manos y no sus ojos los que acariciaran tu piel, intentas que no se note que lo sabes, no vaya a apartar la mirada. Pero lo sabes... Y lo atesoras. Y tiemblas. Y te sientes más viva de lo que te has sentido en mucho tiempo, respirando por fin.

Hay días en los que caminas por la calle y un extraño te mira. Y vuestros ojos se encuentran. Y no apartas la mirada. Y él tampoco. Y pasan diez, veinte, treinta segundos y seguís mirándoos... Hasta que os cruzáis. Y podrías girarte, abrir una nueva puerta con sólo ese pequeño gesto. Pero la ciudad por la que caminas ya no es tu ciudad y decides no hacerlo. Pero esa mirada y las posibilidades que sugiere ya han logrado lo difícil, volver a pintar de azul el cielo.

Hay días en los que te hartas del gris y decides cambiarlo. Y lo arriesgas todo, aún sin mirar la mano que llevas. Y da igual si pierdes. Da igual si ganas. Con sólo arriesgarlo, has vencido en la batalla contra el gris diario.

Hay días en los que consigues salir. Hay días en los que necesitas que te rescaten. Hay días en que es un abrazo. Hay días en los que basta una palabra. Otros incluso una mirada o un gesto son suficientes.

Es por esos días por los que vivimos.

Amar no es sino rescatar a otro de su gris.

2 comentarios:

Microalgo dijo...

Así que has cerrado los comentarios del otro post...

Mmmm...

No nos sobrevalores, que nosotros (NOS, que diría en plural mayestático) no siempre somos tan buenos.

Bueh, disfruta de estos momentos, cosilla linda, que son la mar de bonitos. Aunque parezca que duelan. Si dejan de doler es peor. Créeme.

Inés dijo...

No sé qué decir.

Lo que tengo claro es que no os sobrevaloro.