Vale, no fumo. No bebo. No me meto nada (salvo, por causa de fuerza mayor, el santo ibuprofeno salvador). Por no tomar, no tomo ni siquiera café. No son esas mis drogas. No son esas mis adicciones.
Soy adicta a la luz de tu mirada. Es un chute que me recorre como una corriente eléctrica. Me despierta, me hace sonreír... Me desinhibe incluso. Claro que, como toda droga, cuando la dosis se acaba, viene el bajón: desesperación, dudas... Dolor.
Soy adicta a tu olor. Y mis mariposas creo que también. No saben del mundo, no saben de nada. Pero es percibirte cerca y se hace la revolución en mis entrañas. Revoloteos que me hacen perder el equilibrio, el sentido y la cordura. Esa sensación... Volar junto a ellas. Cuando te vas, las mariposas se posan suavemente y yo... Yo pierdo sustentación y me estrello contra la realidad.
Soy adicta a tus palabras. Atesoro cada una de ellas, por lo que cuentan y por lo que no. Porque aprendo, porque te descubro, porque me descubro en ellas. Porque me hablas a mí, aunque haya más gente. Porque me emocionas, me haces reír, me excitas. Luego, llegan los silencios, el vacío gris. Necesitar más, un poco más y no encontrarlo.
Tengo mono de besos, abrazos y caricias. Unas manos expertas descubriendo mis rincones. Mis manos temblorosas aprendiendo nuevos ritmos, nuevos senderos. Compartir piel, calor y madrugadas. Hace tanto... El frío que viene después, ése aún está conmigo, haciéndome tiritar mientras busco al camello que me dé una dosis más.
Soy una yonki. Da igual que después vengan el frío, el dolor, el vacío o el golpe. Da igual lo que me cueste, lo que tenga que empeñar. Da igual que me jure a mí misma no volver a caer. Da igual que me consuma por dentro. Me llamo Inés y soy adicta.
Nota: Este post está escrito hace unos 10 días. Sigue siendo verdad, claro. Aún así, no sé si es el enfoque que debería tener. No, al menos, después de darme cuenta de lo que digo en la entrada anterior. En fin...

9 comentarios:
Te queremos, Inés.
No estás sola, Inés.
Estamos contigo, Inés.
Qué suerte tiene ese tipo, Inés. Espero que llegue a darse cuenta él alguna vez, Inés.
Gracias, por todo. Por pasarte por aquí, por tus mensajes. Gracias.
Claro. Don Micro siempre lleva la posta. Qué suerte que tiene ese cabrón (como los llamaran por tus pagos).
Aunque la dosis se acabe, uno debe aprender a vivir con esos peqeños momentos que nos hacen perder la cordura...
¡O buscarse otro que va! Las mujeres somos así; esperando ser vistas por aquel que parece ciego, tuerto, o quizá tiene miopía a esa gran distancia, o hipermetropía teniendonos en sus narices. ¿Cuál será la razón?
La cuestión es aprender a vivir con ello, quizas en una de esas llega el tren... o descartarlos... Sí, como un pañuelito descartable. ¿O acaso ellos no hacen lo mismo?
Con tanta ira, me olvidé de dejarle el enlace http://calledelibertad.blogspot.com/2009/05/invisible.html , que podría explicar por qué hablaba yo de ser vistas, ¿no?.
Un beso Inés.
Me ha encantado (no más que nada para vos, qué gran verdad), gracias Morella.
Y sí, en algún momento tendré que dar un paso más y dejarlo atrás. Pero de momento, ando buscando mi dosis.
¿Y por que los que os queremos somos despreciados? ¿Cuál es el mecanismo? ¿Que somos más fáciles? ¿Por qué el hecho de que nos gustéis nos hace menos atractivos?
Y no me niegue Usted la mayor, que no cuela.
Pues te la niego, vive Dios. Los que me han querido (y me lo han hecho saber más o menos, que yo para estas cosas soy muy pardilla) han tenido su justo castigo: una oportunidad con aquí una servidora.
Que la cosa no ha funcionado, pues nada... Pero intentarlo lo intentamos (pero no te creas, que esa situación sólo ha acontecido en 2 ocasiones). En fin...
Y bueno.
Rara avis, Vuesa Merced. Reconózcame, al menos, que en la mayorái de los casos la premisa mayor se cumple a rajatabla.
Y sí, tienes razón que no es lo habitual. Pero es que las buenas personas (vosotros y nosotras) tienen cierta tendencia a tener menos éxito. Es lo que tiene estar frecuentemente disponible para el otro.
En cambio, un cabrón con pintas (o su equivalente femenino) se hacen menos visibles, están menos disponibles. Y aunque yo esté de acuerdo contigo en que el amor no debería ser una conquista, hay a mucha gente a la que sí que se lo parece... Y es el reto lo que les gusta, no la persona.
Parece que en este mundo, lo que cuenta es el número de victorias, no la calidad de las mismas.
Un besito
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