sábado, 13 de junio de 2009

Ausencias

Lo sabía. Lo supe desde el principio. Y por eso te di mil y una oportunidades de decir que no vendrías, sin necesidad de excusas, sin necesidad de explicaciones. Sin disculpas. Sin dolor.

Pero no. Dijiste que vendrías. Cada vez que yo te daba una salida, tú decías que vendrías. Y yo tonta, te creí. Y me hice ilusiones. Y me puse un vestidito. Y sandalias de tacón. Me arreglé para ti, pensando que... No sé qué pensaba, porque sabía que no cambiaría nada.

Y cuando llegó tu excusa, me dolió. Porque, joder, si era mentira, habías tenido tantas oportunidades antes de decir que no vendrías. Y porque si era verdad... Si era verdad entonces es que te importo aún menos de lo que yo creía. Así que sí, claro que me dolió.

No sé de dónde saqué fuerzas para llamarte y decirte que daba igual. Hacerme la fuerte, hacer como si no importase que no estuvieras. Cuando lo cierto es que si me importaba. Porque quería compartir mi alegría contigo, eso era lo que quería. Ni más ni menos.

Tu ausencia no empañó mi alegría anoche. No tienes tanto poder. Tu ausencia tan sólo me mostró una verdad amarga. No somos amigos. Por mucho que yo lo haya intentado. Por mucho que te lo haya dado todo. Por mucho que haya intentado amarrar tus tristezas a mis alegrías; amarrar tus miedos a mi valor. Amarrarnos, libres, sólo para vadear las trampas que nos rodean en el día a día.

Y ya no me quedan fuerzas. Lo siento.

2 comentarios:

Microalgo dijo...

Descerebrado.

Inés dijo...

Me lo apunto. A partir de ahora será conocido como el descerebrado.