martes, 15 de febrero de 2011

Apetitos

Comentábamos el otro día en túiter ese vínculo ruptutaruptura-apetito que suele aparecer en forma de:
a) Ansias incontrolables por helado (o eso nos hacen creer las películas), que ha de comerse directamente del bote [1], a ser posible enfundada en un pijama horrible, acurrucada en el sofá y llorando a lágrima viva.
b) Anorexia (no anorexia nerviosa, sólo anorexia; es decir falta de apetito). Esto tiene sus ventajas, ya que te permite perder la curvita de la felicidad adquirida durante el tiempo en pareja [2] y estar to' buenorro para la siguiente persona que ocupe nuestro corazoncito (o lo que sea que ocupe, ejem).
c) Gula por ansiedad o depresión por la separación. Vamos, que te dedicas a llenar el hueco ese que te ha quedado con comida. Mucha comida. En arrebatos, si no me equivoco.

Como se puede leer, yo me he ubicado un poco lejos de las tres opciones. Porque no, mi ruptura no ha afectado mi apetito [3]. Igual es porque ya he tenido mis historias con la alimentación (mi primera dieta fue con tres-cuatro años, una dieta disociada, porque el endocrino le dijo a mi madre que tenía el peso un poco por encima del percentil que me correspondía) y, bueno, ahora sé escuchar a mi cuerpo (que a eso también se aprende), al menos en cuanto a la comida.

Claro que ha caído algún dulce extra en algún momento plof (sí, esto entra dentro del caso c; y seguro que algún psicoloco le ponía pegas), y, por supuesto, llorar mucho me quita el hambre (y todo lo demás; o sea, que esto sería más bien caso b). Pero no, en líneas generales, nada de nada.

¿Significa eso que quiero más a la comida que a ti? Ni mucho menos.

Simplemente soy así, de esas personas para las que la cocina es el centro de una casa (y de ahí que me haya resultado tan difícil encontrar piso en Toulouse), de las que hacen galletas para demostrar cariño, de las que se pueden tirar horas preparando un guiso de cordero porque venías...

La comida y la cocina es parte de lo que soy. Y eso, en este mundo en el que la delgadez es un mérito y la gula casi un delito, hace que no responda para nada al estereotipo que vincula una ruptura con cambios en el apetito.

A cambio, claro, se me han alterado los ciclos de sueño, tengo pesadillas, tengo la piel un poco hecha un cisco, mi aparato digestivo hace lo que le viene en gana, lloro (a veces, sin motivo), tengo mareos, dolores de cabeza y, sobre todo, te echo de menos. De una forma física, dolorosa, que me parte en dos cada vez pienso en que no volveré a acurrucarme desnuda contra ti, con toda la piel dulce y satisfecha. Pero eso es ya otro tema

[1] Esto es totalmente antihigiénico si no se va a consumir todo el helado. Porque a ver, una vez que has chupado la cuchara la primera vez, restos de saliva quedan en ella. Y la saliva lleva amilasa, que predigiere los alimentos. Y ahí se va a quedar, haciendo su papel... Por eso mismo NUNCA se prueba un guiso con la misma cuchara con la que cocinas. Si quieres probar, coges una cuchara, pruebas y luego esa cuchara se va directa a la pila, no de vuelta al puchero. ¡Que hay que explicarlo todo!
[2] En algún sitio he leído la estadística, pero no la encuentro, de que al estar en una relación de pareja satisfactoria (ojito, esto es crucial), la gente gana unos kilitos. Nada exagerado, pero tampoco voy a poner aquí una cifra que no recuerdo. Y menos aún sin citar fuentes.
[3] De hecho, no ha afectado ninguno de mis apetitos. Ejem. Sí, me refiero a ESE apetito. Tengo ganas, sí. Entre bastantes y muchas. Y me quejaba el otro día de que nunca he tenido una agendita de esas, de las útiles en esos casos. Y que bueno, aunque la tuviera, tampoco me iba a servir de mucho en Toulouse. ¿Tendría que ligar en un bar? Pff, pereza.

5 comentarios:

Microalgo dijo...

Ejemmm...

¿"Ruptuta"?

Suena un poco mal, Dama Inés... corrija la errata, si le place, y borre este comentario...

Microalgo dijo...

Yo perdí, in illo tempore, ocho kilos en diez dias. Lo digo en serio. Por esos motivos, además. A los diez días me pesé por casualidad y solté una especie de "al carajo", y hasta hoy. Bueno, hasta hace una semanita que me puse a dieta porque esto ya no puede seguir así...

Yo creo que soy lo contrario de un anoréxico. No me veo tan gordo. Pero luego me peso y sí, oh, sí...

molinos dijo...

...mmm...a mi ya te lo dije el otro día..se me quita el hambre con las rupturas. Y con los embarazos..

Y yo como helado directamente del envase..claro que es porque me lo zampo todo..asi que ni amilasa ni leches.

Inés dijo...

Micro, hubiese sido peor "rup-puta" o algo así :P Y sí, sé que hay gente a la que le pasa. Gente que engorda o adelgaza, que al rompérseles el corazón, se les avería la producción de grelina. O lo que sea.

Inés dijo...

Moli, sí, sé que me lo dijiste. Y oye, si te zampas todo el helado, usar una cuchara y no manchar nada más me parece la opción más sensata.