domingo, 28 de agosto de 2016

De selfies y complejos

Llevo una temporada en la que me gusto más. No sé si empezó con la mudanza y el cambio de ciudad, con el gimnasio o qué, pero me gusto más. Me insulto mucho menos al verme en los espejos[1] y hasta me estoy haciendo selfies.

SELFIES.

YO.

La que no salía en una foto si podía evitarlo. Jamás. Creo que hay años completos de mi vida sin fotos mías. Y no pocos, precisamente.

Vale que las selfies las controlo yo. Elijo ángulos, luz, encuadres... E igual borro un 90% hasta que encuentro una que sí (bueno, cada vez borro menos). Pero es que hasta me atrevo a hacer fotos de las partes de mí que he odiado siempre[2]; fotos donde se ven estrías, celulitis, love-handles... Y las pongo en Twitter. O las guardo para mí. O las comparto más privadamente.

Y a ratitos me da pánico que sea narcisismo. O que se entienda como tal. Cuando en realidad creo que es más bien una lucha contra mis taritas y complejos.

Quiero quererme más. Y estoy empezando. Por fin.



Ojalá poder decirle a mi yo del pasado que llegaría hasta aquí. No me habría creído.


[1] ¿Vosotros no os llamáis mentalmente de todo cuando os veis en un espejo? Creo que mi "favorito" es «foca-monje». Adorable. Sanísimo. Entre eso y darme asco a mí misma, los espejos y yo no hemos tenido una relación fácil, no.

[2] O quizás no «siempre», pero sí suficientes años como para que no recuerde apenas un pasado sin complejos.

1 comentario:

Microalgo dijo...

Avise en algún sitio de que pone un post Usted por aquí, ande, que no estaba yo acostumbrado.

Y hay que quedar para un café (aunque todavía los helados pegan, pero queda poco: mañana (dicen) llueve) (Al fin).